El carajo del doctor

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Desde el Hospital de Trauma “Prof. Dr. Manuel Giagni”, ubicado sobre la calle Gral. Santos de la capital, se pudo leer desde el pasado día viernes 16 de diciembre un aviso luminoso instalado en el enorme simulacro de un “árbol de Navidad”. El mensaje dice: “usá casco carajo”.

A este centro asistencial llegan todos los accidentados que se originan en los interminables accidentes de motociclistas en este país. Ocurre por la atención especializada que se brinda a todos los que se accidentan en la vía pública, en los hogares y en cualquier parte del Paraguay y, por la asistencia pública que brinda no recibe nada de remuneración.

Se comentó que el referido mensaje fue idea del director de ese centro médico, el Dr. Aníbal Filártiga agregando el mismo que ese mensaje fue elevado a los cielos ya que todos los mensajes y avisos referentes a la peligrosidad de la moto y sin el casco protector el salvar vidas cada vez se torna más difícil y oneroso.

La palabra “carajo” siempre se entiende como una fea, irreproducible y hasta casi grosera en el Paraguay y no es más que una especie de canastilla que se colocaba en la parte alta del palo mayor de las naves a velas y de antaño y, por ubicarse en la parte más alta del mástil. Ese sitio consistía en un lugar inestable por el movimiento que hacías los barcos antiguos.

Toda la tripulación del barco que cometía alguna incorrección recibía la orden del capitán o del mandamás del barco de trepar hasta lo alto del mástil y ocupar el carajo como lugar de castigo. La palabra quedó en el léxico de la gente y hoy es usada para que alguien desaparezca de nuestra vista diciéndole “andate al carajo”. Al no importarle nada a la gente también le importa “un carajo”.

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No estaría mal enviar al carajo a los diputados que manejan alcoholizados, con chapas cambiables y que al motivar el accidente lo hacen con omisión de auxilio y de juicio. Este tipo de gente tendría que ocupar ese sitio.

La gente planillera y quien entrega cargos diplomáticos se merece el desdichado lugar y ser carajeada por toda la ciudadanía sana que le paga el sueldo por ir a ocupar embajadas y ocasionar vergüenza para el Paraguay.

Los que “perforaron” pozos artesianos desde el Indert se merece ir al mástil del carajo o bajar hasta los pozos y queden enterrados junto a la gran joda que hicieron. La titulación de la tierra es puro cuento pero también un auténtico negociado. Los seccionaleros que se mojan con los cargos en las represas hidroeléctricas deben empaparse con el caldo insalubre que les ocasione el carajo.

El carajo es sitio merecedor de los directivos de los Autores Paraguayos Asociados (APA) que, en menos de lo que canta un pájaro, se morfaron más de 2.000 millones de guaraníes. A los constructores viales, a los fiscales ruteros y a las autoridades del ramo les importa un carajo que se construyan rutas de rápida desintegración y de tan poca vida útil. Desde el Ministerio de Agricultura (MAG) acaban de informar que entregaron a los agricultores este año G. 210.000 millones. El carajo corresponde ya que a medida que se entrega plata dulce a los productores, más agria sale la producción paraguaya.

El ingenio alcoholero de Petropar de Troche (Guairá) solo trabaja para instalar a los amigos, correligionarios y parientes. También tiene la enorme capacidad de perder plata y el merecimiento del carajo por contaminar las aguas del Tebicuarymí.

Muchos curas y obispos se ocupan de la biodiversidad y de cosas que no entienden un carajo, pero menos de los abusos, pederastas y de sus acosos sexuales...

caio.scavone@abc.com.py