El Congreso apoya la reelección

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El Poder Ejecutivo tiene razón al proceder con el veto total de la ley del Presupuesto para el próximo año porque sencillamente no cierran los números. Esto que para cualquier hijo de vecino es sencillo de entender, las más de las veces no se comprende cuando se habla del Estado.

El Presupuesto aprobado en el Congreso eleva el déficit violando lo establecido en la Ley de Responsabilidad Fiscal y siendo así las partidas de gastos no se podrán financiar con recursos genuinos del Tesoro, base de las finanzas sanas, sino que se tendrá que proceder a buscar otras fuentes. Cuando no se disponga de dinero suficiente pronto se deberá empezar a fabricar, y si hay algo que los gobiernos tienen de mágico es precisamente eso, el de fabricar dinero de la nada mediante procedimientos espurios que afectan el equilibrio fiscal, monetario y cambiario.

Lo que los congresistas no evaluaron al aprobar el Presupuesto del año entrante es que de ese modo en realidad le están dando al Ejecutivo la oportunidad para justificar la “flexibilidad” de las finanzas con el que se estará beneficiando, más aún si se toma en cuenta el tremendo año político que se avecina.

Si las cuentas no son necesarias de cerrar porque así le dice el Congreso al Ejecutivo, entonces este último tiene justificadas ciertas conductas no precisamente prudentes ni conservadoras. Si hay algo que no se puede negar es que tanto el despilfarro como los privilegios de cualquier Estado provienen de la displicencia con la que se aprueban y luego se ejecutan los presupuestos de los diversos gobiernos.

El desequilibrio presupuestario y fiscal es apenas un pequeño paso para incitar finalmente al populismo, y qué mejor época que la del año que viene para que el Ejecutivo mantenga intacta las influencias políticas porque son esas influencias las que justificarán con creces más endeudamientos y hasta emisión monetaria. Parece que los congresistas todavía no aprendieron que son esas políticas las que hacen lugar a los famosos “gastos sociales”, gastos que se destinan precisamente para lograr la adhesión de las masas afiliadas particularmente al partido político del cual el gobierno proviene.

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El Congreso con la aprobación del presupuesto legitima la tarea administrativa del Ejecutivo, puesto que esa es su función constitucional. Sin embargo, con ese presupuesto que han aprobado fuera de los parámetros de contención que hacen a la responsabilidad fiscal, el propio Congreso le está sirviendo en bandeja al Presidente en su proyecto reeleccionario acreditando a la cuenta del Ejecutivo la discrecionalidad de obtener dinero mediante la relajación de la política fiscal, monetaria y cambiaria. Ni el propio Cartes hubiera pensado tan interesante como subyugante escenario económico a su favor.

(*) Gerente ejecutivo de la Asociación Paraguaya de Universidades Privadas (APUP). Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado” y “Cartas sobre el liberalismo”.