El control partidario como una herramienta

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Los liberales están embarcados en una brutal disputa. El gran objetivo es el control partidario. Después de dos años de letargo los movimientos internos tímidamente van recuperando vigor. El resultado de las elecciones municipales los animó a buscar una recomposición partidaria pensando en el 2018.

Con los sectores de izquierda creciendo, ganando posiciones y planeando el futuro, están obligados a hacer ajustes para ser opción de poder en las elecciones generales.

En abril de 2013 perdieron las elecciones generales con un candidato propio y dieron un paso atrás. Evitaron exponerse para mitigar los daños que generalmente causan en los liderazgos las derrotas. El candidato, Efraín Alegre, evitó toda actividad partidaria. Se encerró en cuestiones familiares hasta que pasara el mal tiempo. Blas Llano, por entonces presidente del PLRA, rápidamente dejó la conducción partidaria para no recibir de lleno los efectos de la derrota. Antes que nadie reclame renunció a la presidencia; se atrincheró en su banca en el Senado y siguió manteniendo el control partidario.

Entregó el cargo a Miguel Abdón Saguier, un dirigente histórico del partido que en más de una ocasión estuvo al frente del partido. La decisión no fue casual. En una conversación previa se acordó mantener el estado de cosas. No llamar a elecciones partidarias con la excusa de que el PLRA no estaba en condiciones de ir a un enfrentamiento.

Con esta arquitectura, Llano mantuvo el control partidario hasta algunos días antes de las elecciones internas para las municipales. Las diferencias se iniciaron a la hora de definir las candidaturas municipales y después de que en Asunción los liberales cedieran a favor de Mario Ferreiro, el candidato del P-MAS que fue presentado como independiente.

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Después de que Ferreiro ganara la intendencia, se encendieron las alarmas en el PLRA. Los referentes de las distintas corrientes internas comprendieron que Llano seguía manteniendo el control partidario y que para pensar en un futuro en 2018 era necesario rediseñar el reparto interno de poder. Entendieron que con Llano manteniendo el control partidario todo proyecto futuro para consolidar un nuevo espacio interno era inviable. De ahí la importancia de ir a internas partidarias.

Llano, un viejo baqueano de la política, comprende perfectamente que está frente a una batalla fundamental para mantener su poder político. Solo si logra que su hegemonía sobreviva podrá seguir siendo el gran invitado a la mesa de poder. Por ahora con Saguier como aliado en la presidencia del partido gana tiempo para acomodar piezas.

Enfrente están el exministro de Obras Salyn Buzarquis y el reaparecido Efraín Alegre. Buzarquis desde hace meses viene trabajando una alianza amplia para unir a los que están fuera del equipo de Llano. Alegre se vio obligado a hacer de nuevo campaña. Comprendió que si pretendía mantener cierto liderazgo interno necesitaba volver al ruedo partidario.

Por ahora ambos están unidos por la idea de forzar las elecciones partidarias. Ese es el gran objetivo. Saben que a partir de ahí se puede pensar en un futuro político relevante de cara al 2018. Más importante aún es que si logran tomar las riendas del partido eso les asegura consolidar su grupo político a largo plazo.

El resultado de las municipales reveló que la otrora eficiente estructura partidaria del movimiento interno de Blas Llano tiene fisuras importantes y está lejos de tener la fortaleza de años atrás. El alineamiento al Gobierno de Cartes tuvo un fuerte impacto.

La disidencia llanista ve la oportunidad para ganar espacio y va con todo. Las semanas que vienen serán fundamentales no solo para las corrientes internas del PLRA, sino para el mismo partido. El resultado de sus internas determinará cómo se ubican en el tablero político en 2018.

ogomez@abc.com.py