Su obra, más que profusa, fue diversa ya que todo lo que le rodeaba despertaba su curiosidad. Escribió libros de poemas como “Zumos”, “Los casos de Perurimá”, “Itinerario poético”, “Ditirambos para flauta y orquesta”, “Salmos a deshora” y varios otros. Pero también libros que me costaría clasificar como sociología o etnografía como “El valle y la loma” sobre cómo afecta a la vida del campesino que vive en un sitio o en otro y luego “Comunicación en comunidades rurales” que fue la tesis que presentó para lograr su doctorado en Derecho. También escribió teatro como “Cantata heroica a Pedro Juan Caballero” o “Fantasía coral”.
Incansable, tuvo tiempo para desempeñarse como director ejecutivo de la Comisión de Festejos del Bicentenario de la Municipalidad de Asunción, fue nombrado Hijo Dilecto de Asunción (si bien era natural de Villa Rica), fue condecorado con la Orden Nacional al Mérito y le otorgaron el Premio Nacional de Literatura en 2009.
Víctor Jacinto Flecha en el prólogo de las obras completas de Ramiro Domínguez (Ed. Servilibro, Asunción 2013) escribe: “Ramiro Domínguez no relata o describe los sucesos sino que se sumerge en el barro, se adentra en el alma para descifrar lo que estaba aconteciendo. Ramiro ahonda la problemática paraguaya, en forma muy particular, trascendiendo a la poesía social de su época. Hérib Campos Cervera describía prototipos sociales como el hachero, Elvio Romero dibujaba ejemplos del medio rural campesino paraguayo, como “Lacú cara de santo” o “El cegador de alondras”, en tanto que Ramiro hace brotar la poesía desde “adentro” de su ser, como si navegara desde su interior para salir a flote y a través de ella, devela el espíritu del hombre rural” y más adelante agrega: “En fin, toda la poesía de Ramiro tiene como trasfondo la realidad social paraguaya, aun cuando reinventa mitos literarios o históricos e inclusive retoma mitos paraguayos, como una alegoría para explicar la situación social de un país cuya sociedad estuvo cautiva por los poderes discrecionales de quienes la gobernaban y de las potencias extranjeras que la explotaban”.
Hablando de la poesía de Ramiro Domínguez, doña Josefina Plá escribió: “Un lenguaje agrio, sorpresivo, plástico, construyendo un clima bronco en el que no falta la ráfaga breve de una ancestral ternura; lenguaje con color y violencia de paisaje recién descubierto, pero organizado con patente sabiduría de laberinto, da cauce en ecos versiculares a este mensaje situado en el filo del tiempo”.
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Estos versos de Ramiro Domínguez pueden servir de despedida: “Me acostaré y me estiraré, / Hasta allá y hasta allá / donde alcanzar a ver, y más, se esparcirán / las semillas de sangre que me punzan las venas. / Y cuando el sol madure las espigas / vendrás a recoger con los vecinos / mi cosecha más crecida, / y te harás un pan con lo que sobre de la trilla / para las noches largas de tus desiertos días”.
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