El otro pedazo del corazón

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A pesar del auge de la tecnología, que cambia las formas de relacionarse, los amigos siguen encontrando maneras de reunirse, intercambiar obsequios y darse cálidos abrazos. Además de reír, saltar, cantar, bailar, comer y beber, que son modos de celebrar la vida, y en este caso, la amistad.

Hablar de la amistad verdadera es hablar de un amor espiritual entre dos personas, que se consolida con el paso de los años. Amigo no es cualquier persona que conocemos al azar, que nos habla o nos saluda en algún acontecimiento social. Tampoco es cualquier conocido que tratamos en el vecindario, el trabajo o la universidad. Para que podamos llamar amigo a una persona, tienen que pasar muchas cosas. Por ejemplo, tiene que haber afinidad, sinceridad, admiración y respeto. Como ocurre con el amor en la pareja, la amistad no es fácil conservarla. Exige poner en práctica valores éticos y morales; al amigo verdadero solo se lo conoce con el paso del tiempo. Hay que tener paciencia y tolerancia.

Cultivar amigos verdaderos es todo un arte. Por eso, no todos cuentan con amigos. Algunos solo tienen cómplices o simplemente colaboradores. Por otro lado, si se actúa con interés, hipocresía o mentiras, tampoco se puede hablar de auténticos amigos. Si uno se jacta de que un poderoso es su amigo, menos todavía se puede referir a un sentimiento legítimo. Llenar de amigos los entes públicos es una práctica que nada tiene que ver con este noble sentimiento. Por eso cuando pensamos en quiénes son estos seres especiales, llegamos a la conclusión de que son muy escasos. Somos personas llenas de defectos e imperfecciones. Hay días que amanecemos de un humor terrible y nada nos resulta agradable. Existen momentos en que sacamos las emociones más destructivas y se agitan en nuestras mentes perversidades inconfesables. Tenemos ganas de agredir o lastimar, no midiendo consecuencias. Somos insoportables y odiosos.

Pero esto es solo un rato, ya que inmediatamente recuperamos nuestro lado bueno. El amigo nos entiende estos comportamientos momentáneos y deja pasar la tormenta, con una sonrisa o un silencio. Llegado el momento, haremos lo mismo si le sucede igual cosa con ese ser querido.

Los filósofos sostienen que la amistad solo es posible entre espíritus superiores, que pueden manejar vicios, defectos y malos sentimientos. En realidad, cualquier mortal puede desarrollar este bello y valioso lazo humano. El amigo nos acompaña en todos los momentos y nos ayuda a crecer en todos los aspectos. Tiene siempre abiertas las puertas de su corazón para que podamos entrar sin pedir permiso. Es el alma gemela que tolera y perdona todo, pero también se enoja y tiene días malos.

Vale la pena en este valle de lágrimas tener un hombro donde recostarse; pedir consejos cuando estamos confundidos o simplemente pasar el tiempo, sin tener nada especial que festejar. Somos animales sociales que no pueden vivir aislados, tenemos que congregarnos, a pesar de que nos peleemos y somos frágiles y vulnerables. Nuestro amigo tiene los mismos defectos y las mismas emociones. Darnos cuenta de esto es bueno, y procurar que nuestro hermano, el otro pedazo de nuestro corazón, nos acepte y nos quiera, es una bendición que viene del cielo y por eso vale la pena creer en el amigo. Y rendirle homenaje cada vez que podamos, con pequeños detalles afectuosos.

blila.gayoso@hotmail.com