En los últimos 18 días, el presidente solamente habló públicamente en dos ocasiones: el 28 de agosto pasado hizo una arenga a los miembros de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), en el norte del país, para decir que se ponía al frente de la lucha contra el EPP y después, la semana pasada, en la celebración del aniversario colorado.
En el primer discurso, pretendió mostrar firmeza y en el segundo detalló presuntos logros de su gobierno. Ambas intervenciones se fueron al tacho el martes de esta semana, cuando el diputado Pedro Alliana, presidente del Partido Colorado, después de hablar con él en Mburuvicha Róga, anunció que habrá una convención partidaria para debatir, entre otros temas, la reelección presidencial.
¿No era que al presidente no le interesaba y que no pensaba en eso? ¿Ordenó a Alliana que saliese a decir lo que dijo? ¿Por qué?
Teniendo en cuenta el escenario actual, no se puede descartar que el anuncio del bisoño líder partidario solamente tenga un par de objetivos reales: primero distraer la atención de los muchos problemas que están sin resolver en el contexto nacional y segundo mantener a la tropa oficialista más o menos disciplinada con la ilusión de la esquiva reelección, cuyas posibilidades son muy remotas, por la falta de votos en el Senado.
En estos momentos, Cartes tiene en su agenda por resolver el asesinato de 8 militares del FTC, la seguidilla de crímenes mafiosos en Amambay, la crisis en la Universidad pública con estudiantes en pie de guerra, las manifestaciones campesinas y de organizaciones sociales que se anuncian a fin de mes, las denuncias de corrupción en las FF.AA. y las evidencias de censura y grosera manipulación en los medios de comunicación propiedad de su grupo económico. Hay más, pero esa sería una apretada síntesis.
A esta altura, el único capital con que aún cuenta en abundancia el mandatario es, indiscutiblemente, su poder económico (valga la redundancia). Cada vez más, da la imagen de que él considera que todo lo puede resolver poniendo dinero lo cual, aunque tal vez no lo crea, es una cuestión que causa rechazo en la mayoría de la gente.
El próximo sábado, el PLRA, principal partido de la oposición, tiene previsto aprobar en su convención una traba política más, casi decisiva, a la reelección, con una postura institucional en contra de esa posibilidad. De cumplirse ese anuncio, solamente quedaría la expectativa en el oficialismo de quien será el elegido para llevar la “antorcha cartista” en la próxima elección interna.
La tentación oficialista sería imponer un candidato con el contundente argumento de que quien lo va a financiar es el presidente y, por tanto, puede hacer lo que se le antoje.
En cuanto a la posibilidad de que gane la interna colorada la disidencia al cartismo, el precio del “abrazo republicano” (en términos estrictamente políticos), debido al nivel de tensión y de enfrentamiento que ya se empieza a notar en el partido, puede ser demasiado alto y comprometer decisivamente las chances del candidato colorado en las elecciones generales.
Otra alternativa que algunos dirigentes mencionan, es que al presidente o a alguien de su entorno se le ocurra un disparate como forma de conservar el poder.
Se trata de una posibilidad que parece remota, como muchas cosas que terminaron ocurriendo.
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