Por de pronto, tenemos que agradecer a los constituyentes de 1992 este artículo, el 275: “El Tribunal Superior de Justicia Electoral estará compuesto de tres miembros...” ¿Se imagina usted si hubieran sido siete o nueve?
La forma en que estos ministros roban al contribuyente nos llena de estupor como país con tantas necesidades. En rigor, ni siquiera es robo. Es un mero raterismo. ¿No es raterismo inventarse viajes para cobrar viáticos?
Piensa uno cómo es posible arrastrar por el suelo la dignidad de una delicada función que sostiene a la democracia.
¿Qué rostro ponen los ministros cuando le hacen comparecer a un subalterno para ordenarle el pago por un trabajo que no hicieron? ¿Qué cara ponen los funcionarios cuando les entrega el dinero a sabiendas de que es un robo? ¿Cuál es el grado de complicidad de quienes cumplen la orden? ¿Se quedan con el vuelto? De todos modos, la autoridad moral de los ministros es absolutamente nula y sólo sirve para alentar la anarquía moral en la institución.
Después de la revelación del escándalo tales ministros no deberían quedarse ni un segundo más al frente de una entidad creada para velar por la transparencia de la voluntad popular en los comicios.
Si fuesen sólo uno o dos los ministros corruptos, habría todavía esperanza de que uno salvase, de algún modo, la confianza del pueblo. Pero que los tres se asociaran para delinquir ya es demasiado.
En su edición del martes, el diario ABC Color nos hizo saber que Bestard, Zambonini y Wapenka reconocieron ante la Contraloría General de la República que percibieron viáticos “en forma sistemática” por viajes que nunca realizaron. Como a mayor distancia más dinero, los ministros se inventaban sitios lejanos para cobrar más. ¿No es raterismo?
Por dar algunos ejemplos: El titular de la Justicia Electoral, Jaime Bestard, se encontraba en México del 3 al 7 de mayo del año pasado. Al mismo tiempo, “participó” de una reunión con funcionarios distritales de Ñeembucú.
María E. Wapenka estuvo en Lima, Perú, y Quito, Ecuador, del 18 al 22 de mayo. Al mismo tiempo se encontraba en el interior de nuestro país. Del 1 al 4 de julio estuvo en Cuzco, Perú. Sin embargo, en la planilla (para el cobro del viático) figura que Wapenka en ese tiempo estaba reunida con funcionarios en Caaguazú.
Ramírez Zambonini se encontraba en Centroamérica del 27 de febrero al 2 de marzo. Al mismo tiempo, aparecía en la planilla (para el cobro de viático) que se encontraba en Alto Paraná. Ninguno de los ministros “asiste” a una reunión de trabajo en San Lorenzo, Luque o Areguá.
Los casos citados –de los muchos que se podrían dar– ¿no son raterismo?
Estos y otros hechos corruptos suceden por la sencilla razón de que no se los castiga. La impunidad es la que tiene a nuestro país en la postración. Se roba, como hacen los ministros de la Justicia Electoral, porque los autores saben que la ley no les alcanzará.
También en otros países se roba el dinero público, pero si llegare a trascender, el funcionario o el político responsable pierde su carrera. Uno se pregunta cómo podría estar todavía en tan altas funciones Ramírez Zambonini. Entre otras perlas, su tesis para acceder al doctorado se demostró que fue un plagio. Hace poco tiempo un ministro alemán había hecho lo mismo, pero renunció apenas llegó el caso a la opinión pública. Tuvo vergüenza. Y vergüenza es lo que les falta a nuestros corruptos.
Los ministros de la Justicia Electoral no cobran el sueldo mínimo. Bestard gana casi 44 millones de guaraníes; Ramírez Zambonini y Wapenka un poco más de 44 millones. Mensualmente. Es mucho dinero. A esas sumas deben agregarse los viáticos por viajes que pueden probar, y sobre los que nunca rinden cuenta. Pero aun así se dedican al raterismo.
Uno se pregunta cómo pueden estar todavía al frente de la institución. La respuesta posible es el apoyo político y judicial que les favorece en todo. ¿A cambio de qué? De más corrupción.
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