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El regreso del “pynandi”

Este artículo tiene 9 años de antigüedad

SALAMANCA. La manifestación en favor de la violación de la Constitución Nacional, convocada por el presidente del Partido Colorado, Pedro Alliana, prevista para hoy con gente traída (¿o arreada?) de ciudades del interior, ha sido suspendida; o mejor dicho, se realizará en diferentes ciudades. En conferencia de prensa convocada por Alliana, el presidente de la Cámara Baja, diputado Hugo Velázquez, dijo: “Decidimos hacer en simultáneo en las distintas cabeceras departamentales, todos en apoyo a la enmienda constitucional. Tenemos miedo de los opositores y que haya derramamiento de sangre solo porque pensamos diferente”.

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De no haber muchos episodios dramáticos de por medio, estas declaraciones serían motivo de risa. Quienes se han confabulado para violar la Constitución tienen miedo de la oposición y como ellos son hábiles en darle la vuelta a la fórmula de “causa-efecto” cambiando un término por el otro, sería útil que explicaran situaciones que se han dado en los últimos días. Habría que recordarles que fue la policía, que de ser “nacional” pasó al servicio de un grupo partidario, la que mató disparándole por la espalda (¡qué acto más heroico!) a un joven inocente; fue ella la que apresó y torturó a un civil por estar grabando con su teléfono los disturbios; fue ella la que disparó a quemarropa un proyectil con balines de goma a la cara de un diputado que sufrirá consecuencias de por vida; fue ella la que asaltó una propiedad privada sin autorización de juez competente; fue ella la que al mando del jefe de Investigación de Delitos (la antigua policía política de Stroessner), Tomás Paredes Palma, tomó por asalto la sede de un partido político sin que hubiera motivo alguno. Señor Hugo Velázquez, el miedo es nuestro, no de ustedes. 

La idea de traer gente de ciudades y pueblos del interior que tuvo Pedro Alliana la semana pasada me produjo un escalofrío, ya que más que una manifestación de apoyo a la violación de la Constitución, iba a ser una provocación para los opositores. Y si estos no mordían el anzuelo, pues ya habría infiltrados encargados de promover disturbios. De todas maneras, temí, por un momento, que se repitiera aquella historia de 1947 en la que este mismo grupo político del cual Alliana es heredero, armó a una turba de civiles, descalzos (de ahí su nombre, “pynandi”), que asoló el país de norte a sur y terminó entrando a la capital que saqueó con la misma impiedad que los antiguos bárbaros saqueaban las ciudades del imperio Romano. No solo robaron negocios sino también destruyeron los dos únicos periódicos que existían en la época: “La Tribuna” (hoy desaparecida) y “El País” (que se convirtió hoy en “Última Hora”). 

Aquella sangrienta guerra civil en la que murieron no se sabe cuántos, despiadada, que provocó una de las más grandes diásporas del país de gente que buscó refugio principalmente en Argentina y Brasil ante el peligro de la muerte, fue la que llevó al poder al Partido Colorado que desde entonces, hasta la fecha, ha usado y abusado de su poder. El ejemplo más cercano lo tenemos a la vista. 

La idea de la presencia del “pynandi” fue utilizada a lo largo de toda la larga dictadura que comenzó entonces y se prolongó hasta 1989. Su figura fue enaltecida y venerada, con razón, ya que a través de su brutalidad, les entregó el poder. Cuando se fue tomando distancia de aquellos hechos tan repudiables, la amenaza fue sustituida por los “macheteros de Santan”, grupo de choque que aseguraba comandar el propio Pastor Coronel, jefe entonces del Departamento de Investigación de Delitos que en la calle llamábamos simplemente “Investigaciones”. Caer en sus garras, era asomarse a las puertas del infierno. Pero si bien Santaní quedaba un tanto alejada de la capital, Coronel tenía también a sus “garroteros” de la Chacarita, comandados por el temible Ramón Aquino, a quien Stroessner apodó “el moderador de la Universidad Católica”. 

De acuerdo al principio de que en la naturaleza “nada se crea, nada se pierde, todo se transforma” pues también aquellas amenazas oscuras no se han perdido sino simplemente se han transformado y hoy día reciben otros nombres pero los objetivos son los mismos. Si Pastor Coronel nos amenazaba con los “macheteros de Santaní”, Alliana nos amenaza con “traer gente” de Ñeembucú o de Misiones, los departamentos de donde fue rescatado políticamente por el presidente Horacio Cartes. Estos políticos dispuestos a llevarse por delante la Constitución para crear una nueva dictadura, dicen que nos tienen miedo. Y tienen razón porque allí en la calle hay un pueblo que no se duerme.

jesus.ruiznestosa@gmail.com 

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