El retorno de Locke y Montesquieu

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Un mejor Poder Legislativo es un tema demasiado serio para dejarlo solo en manos de los políticos. La sociedad civil es la que deberá impulsar los cambios porque como se ha visto en estos años, los legisladores se han mostrado sumamente cuidadosos de sus intereses y negligentes en su deber de custodios de la Constitución.

Y si bien con la Constitución actual el eje del poder se posicionó sobre el Legislativo (como una reivindicación luego de años de dictadura y dominio del Ejecutivo) la realidad es que no se ha avanzado en hacer realizable la expresión “representantes del pueblo”.

Se han relegado y violados los preciosos enunciados de dos insignes pensadores de la filosofía política universal, el inglés John Locke y el francés Montesquieu, quienes propusieron en “El Segundo Tratado sobre el gobierno civil” (1689) y “El espíritu de las leyes” (1748), respectivamente, la necesidad de separar al poder como único modo de evitar su concentración, el camino seguro del autoritarismo y la corrupción en las tiranías y en las mismas democracias.

Lo que hoy se tiene es lo contrario a lo que Locke y Montesquieu exhortaban. La concentración del poder en nuestro país es la nota dominante. Y de esto no tiene culpa la dictadura que se fue hace tiempo. La práctica por cierto impune de querer en el fondo parecerse al viejo dictador, retrata a los políticos de cuerpo entero, pues con descaro y alevosía hacen y deshacen lo que se les antoja (igual que los dictadores) justificándose haber sido electos.

Carcomidos hasta los tuétanos por la ineficiencia y la corrupción, el Estado se fue convirtiendo en una organización cada vez más grande pero también más débil, como bien se nota en la inseguridad y en la desprovisión de servicios como la justicia, el agua, la electricidad y otros. El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial están llenos de aventureros convertidos en políticos profesionales. Con tal de perpetuarse en el poder, entran todos en la misma bolsa, desde el presidente, los legisladores y miembros de la Corte Suprema.

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Cambiar este estado de cosas que está llevando al Paraguay a sufrir la grave descomposición del republicanismo liberal (la división de los poderes) requiere de modificar las ideas y ciertas prácticas que por ser repetitivas no son las que deben permanecer. Se cree como si fuera una verdad que el poder político en la sociedad es la que debe impulsar el intervencionismo estatal para contar con más y mejores empleos e incrementar los salarios. Y no es así. Es la concentración del poder político la que pone frenos al progreso, castiga a los pobres y marginados, haciéndolos dependientes de los tentáculos de aquel poder.

Son varios los motivos de la pérdida de la división de los poderes. Una primera corrección está en evitar la duplicación de funciones del Senado y Diputados con referencia en las iniciativas de leyes. El Senado debe ser de revisión de leyes provenientes de Diputados para así elevar el debate y evitar el populismo legislativo proveniente hoy día de ambas Cámaras que concentra el poder. De igual importancia, los senadores y diputados solo podrán ser reelectos una sola vez y sólo podrán ser electos por circunscripciones, por distritos y manera uninominal, esto es, terminar con las listas cerradas sábanas para que el pueblo decida por sí y ante sí. Este será el comienzo del retorno de Locke y Montesquieu.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Asesor de la Asoc. Paraguaya de Universidades Privadas (APUP). Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado” y “Cartas sobre el liberalismo”

vzpavon@yahoo.com