13 de Octubre de 2017

 

El ridículo sabotaje de Trump a los “soñadores”

Por Andrés Oppenheimer

¡Qué ridículo! Este país acaba de sufrir una masacre en Las Vegas perpetrada por un estadounidense que mató a 58 personas e hirió a otras 489, y el presidente Trump sigue insistiendo en sus argumentos de que los inmigrantes indocumentados son un peligro para la seguridad de los ciudadanos, y amenaza con deportar a unos 700.000 “soñadores” que no han cometido ningún delito violento.

Pensé en esta ironía después de entrevistar a Bruno Villegas, un estudiante universitario de Harvard que es un “soñador”, o uno de los jóvenes inmigrantes que fueron traídos a este país cuando niños por padres indocumentados.

Como la mayoría de los otros soñadores, Bruno apenas recuerda el país donde nació. Bruno me dijo que fue traído por sus padres de Perú, y sólo supo muchos años después que su familia no tenía documentos de inmigración.

Cuando le pregunté qué hará si es deportado, me dijo: “No conozco el Perú, es un país que apenas recuerdo”.

Bruno, que planea ser abogado, me dijo que “me considero un norteamericano. Sé que es difícil, porque el gobierno no quiere reconocerme como tal, pero este es el país que conozco, y donde quiero quedarme”.

Otros soñadores que estudian en Harvard incluyen a Jin Park, un surcoreano que estudia biología molecular, y Laura Veira Ramírez, una joven colombiana que planea graduarse en química.

Los sonadores se inscribieron en el programa conocido como DACA del expresidente Obama, que les dio un estatus legal temporal. Trump ahora está amenazando con deportarlos en cinco meses a menos que el Congreso acepte un paquete de medidas draconianas contra todos los indocumentados que ha presentado para aprobación legislativa.

El problema es que la propuesta de Trump es una gigantesca “píldora venenosa”, o sea, una oferta con demandas imposibles de ser aceptadas por sus rivales políticos, para que estos últimos parezcan ser los culpables de su fracaso.

A cambio de legalizar a los soñadores, Trump exige que el Congreso apruebe que los contribuyentes estadounidenses paguen por el muro fronterizo –sí, el mismo muro que Trump prometió que sería pagado por México– y otras medidas extremas exigidas por el ala xenófoba del partido republicano.

En suma, Trump está saboteando su propuesta de legalizar a los soñadores al mezclarla con un paquete de medidas que, según él, es esencial para garantizar la “seguridad” de los estadounidenses. Culpando a los demócratas de no aceptar su propuesta, Trump dijo el 10 de octubre que “los demócratas no quieren fronteras seguras, no les importa la seguridad de Estados Unidos”.

El 11 de octubre, Trump volvió a citar la necesidad de proteger al país contra las “fronteras productoras de delitos”, y de construir un muro con México. Mientras tanto, Trump no dice una palabra sobre la necesidad de mayores controles de armas para evitar nuevas masacres como la de Las Vegas.

De hecho, las peores masacres recientes de Estados Unidos fueron cometidas por estadounidenses.

Stephen Paddock, el asesino serial de Las Vegas, nació y se crió en Estados Unidos. Lo mismo que Omar Mateen, el hombre que mató a 49 personas en el club nocturno Pulse en Orlando en 2016; Seung-Hui Cho, el estudiante que mató a 32 personas en el campus de Virginia Tech en 2007, y Adam Lanza, que mató a 20 niños en la Escuela Primaria Sandy Hook en 2012.

Aunque los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 fueron obra de terroristas extranjeros, ninguno de ellos entró a Estados Unidos a través de la frontera mexicana.

Si Trump quiere proteger a los estadounidenses, debería hacer algo para evitar que un demente como Paddock pudiera adquirir legalmente un arsenal de 47 armas y dispositivos para permitir convertir armas semiautomáticas en automáticas.

¿Quiénes son más peligrosos, los soñadores que están estudiando en Harvard y otras universidades de todo el país, o trabajando de sol a sol, o quienes compran 47 armas con dispositivos para convertirlos en ametralladoras?

La respuesta es clara, pero la maquinaria propagandística de Trump ha logrado que el país esté hablando sobre las “fronteras productoras de delitos”, y muy pocos se enfoquen sobre los asesinos seriales domésticos que pueden comprar verdaderos arsenales de guerra. ¡Absurdo!

 
 

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