El rumbo del partido oficialista

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No es casualidad que, justamente el día del aniversario del golpe que echó a Alfredo Stroessner, el presidente de la República haya advertido a los colorados en Ciudad del Este que el partido oficialista puede volver a caer del poder.

Como lo hizo el dictador muchas veces, Cartes afirmó que no busca su reelección. Ese tipo de cosas obviamente no se plantean en forma pública sino que se crean las condiciones para terminar siendo, a largo plazo, la única opción viable. El famoso “el pueblo lo pide”.

La insistencia del mandatario en querer evitar que a mediados de este año haya una disputa electoral por la presidencia de la ANR posiblemente guarda relación con la necesidad de mantener al partido anestesiado, sin disidencias ni debates internos. Mientras, seguirá en el afán de que se vean algunas señales positivas concretas de su administración.

Durante su gestión, el expresidente Nicanor Duarte Frutos (2003-2008) intentó también tener el control de su partido, postulándose él mismo como candidato a presidirlo y violando así la Constitución Nacional. No le fue bien.

El actual mandatario, que no es colorado de origen, no necesita recurrir a esa medida porque la mayoría de los dirigentes con ciertas aspiraciones políticas futuras aceptan someterse, por ahora, a su liderazgo. No obstante, es posible que lo hagan solamente calculando que todavía es prematuro despegarse de la figura presidencial, sin estar seguros si su administración camina hacia el éxito o el fracaso.

Cartes, que recién va por el segundo año de mandato, tiene la ventaja de que aún no debe lidiar con una oposición organizada. Sin embargo, esa situación cambiará con el transcurrir de los próximos meses y, más aún, en la medida en que sus discursos y promesas no se vinculen con la realidad.

Para conformar su gabinete ministerial, el presidente no tuvo en cuenta a la dirigencia tradicional del partido, dando así el mensaje de que entre estos no había nadie que represente el “nuevo rumbo” o la nueva dirección que él planteaba para el país.

Teniendo en cuenta esta lógica, debemos suponer que para respaldar un candidato a conducir la Junta de Gobierno colorada, los próximos tres años, tendrá un criterio similar.

¿Cuál de los equipos políticos que aspiran a presidir el partido representa mejor lo que Cartes quiere? ¿El que encabeza el exfiscal y actual presidente de la Cámara Baja, Hugo Velázquez? ¿O el del novel senador Mario Abdo Benítez, hijo del “célebre” integrante del “cuatrinomio de oro” del estronismo? Una tercera opción parece cada vez más lejana.

El diagnóstico no por obvio menos certero que también hizo el Presidente, en su discurso de Ciudad del Este, fue que el Partido Colorado está en una crisis. Lo que no dijo es que su aparición en el escenario político colorado y su meteórico ascenso a la presidencia de la República es justamente un producto de la crisis de la centenaria agrupación.

A falta de líderes creíbles, Cartes, una suerte de “converso” al coloradismo, fue la opción de la dirigencia y de los afiliados como candidato presidencial.

Los colorados deberán definir en julio el rumbo partidario y, especialmente, decidir si el candidato que elija Cartes es el conductor adecuado.

La advertencia que hizo el mandatario de que el partido puede ser derrotado nuevamente si no se unen todos puede tomarse como una velada amenaza de que él podría abandonar el barco. Tal vez, sea también una señal de que comienza a sentirse imprescindible.

mcaceres@abc.com.py