06 de Enero de 2016

 

¿Emergencia?

Por Jorge Rubiani

Más de 100.000 personas desplazadas de sus hogares sólo en Asunción y sus orillas. Calles y rutas rotas, basura acumulada y obras paralizadas en la capital y resto del país. Desde la frontera Norte a la del Sur, la ribera es invadida por las aguas del río y solo en Alberdi más de 3.000 compatriotas “resisten” para no abandonar sus casas que, por cierto, están ya anegadas. La “resistencia” será posible mientras el muro de defensa no colapse o el agua no supere la altura de su coronamiento. Si llega a suceder cualquiera de estos fenómenos, no habrá voluntad que salve a nadie.

En relación a los problemas que se generan en Asunción, algunos la califican de “emergencia”. Pero considerando la situación por fuera de lo que ocurre en el resto del país, la misma no podría calificarse de tal, porque el mismo diccionario define el vocablo como un “acontecimiento imprevisto que requiere de una solución pronta e inmediata”. Por lo que el drama actual sólo nos muestra las consecuencias de la demagogia política, clientelismo barato y una suma de omisiones, errores e irresponsabilidades compartidas, que se vienen reiterando desde hace mucho y –se palpita– se prolongará por mucho tiempo más, mientras no se haga “lo que hay que hacer”. Porque la situación de los pobladores de costas y bañados ha venido siendo funcionalmente útil al sistema electoral que nos han regalado los partidos. Y porque además, ni uno sólo de los actores políticos parece querer aceptar –dentro de los márgenes de mediocridad imperante en el sector– que alguien fuera de la propia grey partidaria, se lleve los laureles de la solución.

Debe ponerse en claro, sin embargo, que si los gobiernos de la “era democrática” se han omitido hasta el presente de una propuesta seria para enfrentar el problema, su consolidación ha sido mérito exclusivo de la Dictadura; porque si hablamos del origen del avance del río sobre la ribera, el hecho se pierde en la bruma de los tiempos coloniales.

Por otra parte, la indiscutible asociación de “democracia” con “ineptitud”, se debe a que por no molestar el humor del electorado, nadie se atreve a proponer algo distinto a lo que “el pueblo quiere”. De esta extraña visión se deriva que los temas de general incumbencia se debaten hoy en las “redes sociales” o en una plaza pública; y desde esos ámbitos tienen sus respuestas correspondientes. A eso le llaman “participación”, otro vocablo democrático de difusa connotación; tanto como el de la “sensibilidad social”; el que ha adquirido impensado valor “científico” desde el advenimiento de los tiempos electorales. Los resultados de su incontrolada vigencia han sido pavorosos a partir de que las inundaciones comenzaron a afectar a grandes sectores de la ciudad para que, más que soluciones, se repartan promesas de todos los niveles.

Dispuestas todas a que “nada debe tocarse” para preservar “los derechos de los bañadenses”. Lo irónicamente triste es que las erogaciones que ha demandado el largo proceso de relocalizaciones –en la costa o en los márgenes de la ciudad– ya pudieron haber financiado una solución definitiva al problema.

El drama actual debe hacer que termine esta afiebrada distorsión. Deben proyectarse intervenciones definitivas con programas habitacionales ambientalmente compatibles con el entorno y un sistema vial que vincule estas localizaciones con el resto de la ciudad y a todos los habitantes con el río. Además –desde luego– de la protección de la costa y del ambiente natural.

Debe dejarse de lado, imperiosa y definitivamente, la mentira y la demagogia de los que reclaman soluciones pero están resueltos a impedir o perturbar cualquier proyecto que termine con el drama que generan los vaivenes del río. Tanto como debe abandonarse el maquillaje de las “paladas iniciales” que solo ha hecho que los inconvenientes permanezcan, aunque más fotogénicos. O el de las pomposas “inauguraciones” que se van con los raudales en la primera llovizna.

La protección de las costas (cuyos ejemplos pueden verse en todo el mundo) son el resultado de una actividad de alta complejidad que compete a profesionales de gran experiencia y conocimientos; los que por supuesto, tendrán en cuenta las necesidades de la gente aunque las propuestas no siempre coincidirán con lo que la gente quiere. Pues los Proyectos se diseñarán como indican el saber y la experiencia con una ejecución impecable ajustada a los más altos estándares de la construcción. Todo, junto a la previsibilidad y seguridad que requieran los trabajos, evitando fundamentalmente, que las ventajas obtenidas para unos no deriven en inconvenientes para otros, lo que finalmente se concretará en una intervención útil y duradera. Como toda medicina que duele y cuesta... pero que termina con la enfermedad.

jrubiani@click.com.py

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