La desidia y la corrupción imperantes en todas las instituciones son los virus que amenazan de muerte al débil servicio, mientras los responsables, empezando del mismo ministro Antonio Barrios, están enfrascados en el plan reeleccionista del presidente de la República, Horacio Cartes.
Los hospitales se encuentran con innumerables problemas para atender a los pacientes, algunos llegan al punto de no contar con un director, muchos no tienen médicos para las guardias nocturnas y algunos no cuentan médicos los fines de semana. Pedir equipos sofisticados de laboratorio y terapias resulta “desmasiado”. Es más, con suerte tienen ambulancias en buen estado y también sillas para que los pacientes se sienten a esperar su turno para consultar o realizarse algún estudio.
Casi a diario se escuchan pedidos desesperados de familiares que urgen terapias o incubadoras y solo cuando la prensa se hace eco se consigue, de lo contrario los pacientes están condenados a morir o penden de un milagro.
Los responsables de Salud Pública no muestran ni el más mínimo interés en dotar de los imprescibles equipos de emergencia a los centros asistenciales de referencia, de cabecera o materno infantil.
La desidia y la corrupción es total. El ministro de Salud debe trabajar para solucionar los problemas que afectan a los hospitales y no solo limitarse a hacer campaña política para la reelección del inepto presidente Horacio Cartes.
Para muestra vale un botón; antes de destinar recursos a mejorar los servicios de un área tan sensible como Salud Pública, en el Ministerio de Hacienda, manejado por el “mimado” de Cartes, Santiago Peña, compraron vehículos de lujo para los directores.
Es hora de que la ciudadanía exija que los recursos públicos sean utilizados racionalmente y sean priorizadas las áreas que más necesitan, como es el caso de Salud Pública.
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