Enojos y disputas, sin vuelta atrás

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El diputado Pedro Alliana y el senador Mario Abdo Benítez, quienes disputarán la presidencia del Partido Colorado en julio próximo, tienen mucho en común. Además de ser parlamentarios, nacieron en “cuna de oro”, no son justamente lo que uno llamaría “líderes naturales” y sus candidaturas fueron producto de coyunturas peculiares más que de carreras políticas consolidadas o brillantes.

Más allá de los dos, lo que realmente está en juego en la próxima elección colorada es la administración del presidente Horacio Cartes que, adrede o por torpeza política, convirtió esa contienda electoral en un plebiscito sobre su figura dentro del partido de gobierno.

Alliana ha confesado abiertamente, más de una vez, que la candidatura a presidente del partido oficialista se la ofreció sorpresivamente Cartes, preguntándole “si no tendría problemas en ser candidato”. Eso implicaba ocuparse menos de sus estancias en Ñeembucú y desatender gua’u su banca de legislador, cargo en el que venía demostrando una tenaz intrascendencia.

El diputado es un típico producto de la oligarquía agroganadera del interior que maneja su departamento como un feudo y que, igual que “Marito”, todo lo ha heredado sin cuestionar cómo se hizo su fortuna.

Las penosas explicaciones que ensayan su mentor y el mismo Alliana no hacen sino confirmar que el motivo por el cual fue puesto como candidato es que se espera que no tenga ninguna proyección política y que obedezca fielmente lo que le manden.

En tanto, el senador Benítez tenía desde antes aspiraciones de presidir su partido aunque era consciente de que esa lejana posibilidad dependía absolutamente de que tuviese el ok del presidente Cartes. Sin embargo, la increíble ineptitud y las contradicciones con las que manejó el Mandatario este tema (le dio primero vía libre a todos los candidatos para correr y luego se desdijo) colocaron inesperadamente al senador como abanderado de todos los disgustados con la “conducción” (por darle un nombre) de Cartes.

“Sin querer queriendo”, Abdo Benítez asumió los intereses de los dirigentes colorados que se oponen al copamiento del Partido Colorado y a los planes de reelección que Cartes quiere impulsar, contando con dirigentes y legisladores que está seguro de amaestrar a platazo limpio.

Mario Abdo Benítez es un producto genuino del estronismo, régimen que reivindica en la figura de su padre, que fue secretario privado del dictador e integrante del tristemente célebre “cuatrinomio de oro”. Benítez es de aquellos que, gracias al poder del dinero de su progenitor, dispusieron de todas las facilidades para estudiar en el exterior en instituciones caras, sin tener que preocuparse de su sustento diario y lejos del trabajo sucio de los esbirros del régimen que mataban, torturaban, exiliaban y perseguían a mansalva a quienes se les oponían. Se presenta como una “renovación” o una figura nueva del coloradismo a pesar de que, en el fondo, cree que su eventual triunfo político será una suerte de reivindicación de sus orígenes políticos, enraizados en aquel nefasto régimen autoritario.

Es difícil creer que uno de estos candidatos represente los intereses agraristas y populares que se mencionan en la carta fundacional de la Asociación Nacional Republicana. En realidad, acá se está jugando otro partido que poco tiene que ver con los intereses ciudadanos, y todos lo saben.

La agresividad de los discursos de Cartes en estos últimos días puede interpretarse como un signo de temor y dudas sobre lo que puede ocurrir.

No está claro tampoco cómo los “disidentes” congeniarán, después de la internas, sus grandes ambiciones personales. Pierdan o ganen, ¿seguirán sosteniendo a un presidente que, mal que les pese, gobierna en nombre del Partido Colorado? Aún le quedan tres años de gobierno a cumplir que, por el clima político creado, serán turbulentos y hasta insoportables para ellos.

mcaceres@abc.com.py