Entre el insulto y la presión política

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La campaña electoral está en fase de ebullición. A dos semanas de la votación, es el momento en el que todo recurso es bueno si puede servir para sumar votos.

El oportuno vídeo de mitad de semana mostrando a un Luis Canillas fuera de sí, insultando una imagen de la senadora Masi, mostró el amplio arco que compone el oficialismo. Un conglomerado en el cual pueden estar los nuevos líderes, pero que tiene todavía buena parte de la vieja dirigencia acostumbrada a no tener límites.

Lo de Canillas es indefendible. Va contra toda la imagen que quiere dar la campaña de Santiago Peña; pero Canillas es un hombre que tiene a su cargo temas sensibles en este Gobierno, así que no habrá mayor castigo. Solo se bajará del palco en algunos actos y nada más. Además no son pocos en el Gobierno los que comparten todo lo que dijo.

Ni siquiera los candidatos del oficialismo quisieron desmarcarse demasiado. Tanto Peña como Gneiting prefirieron salir por el lado amable afirmado que cada uno es responsable de sus dichos. Nadie duda de eso, el problema es que Canillas es del equipo que anuncia los nuevos modos para la política.

En un intento por consolidar la idea de desequilibrio en el oficialismo; desde la disidencia el senador Galaverna pidió también al candidado presidencial de Añetete que refuerce su seguridad. No hay ningún elemento que pueda sostener que exista algún riesgo; Galaverna tampoco aportó datos, pero la advertencia alcanza para estar en los medios generando un relato épico.

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En la Cámara de Senadores, la oposición también dio una vuelta de tuerca en su intención de presionar al Gobierno. Después de dos semanas de estudio y años de postergación, finalmente los senadores aprobaron el proyecto de ley que casi triplica el impuesto al tabaco y además establece un canon extra por la venta de cada cajetilla.

El tabaco es uno de los principales rubros de las empresas del grupo empresarial del presidente Cartes. Aumentar los impuestos no solo es una cuestión de salud pública, como sostienen en el discurso, es sobre todo un intento de limitar las ganancias de un empresario que llegó a la presidencia y que podría dibujar los nuevos límites de la política.

La aprobación del proyecto en la Cámara de Diputados es poco probable. El oficialismo controla ese espacio aunque ya no tenga una mayoría propia como al inicio del periodo. Lo más probable es que el debate se alargue más allá de este año. La discusión incluso podría quedar para los nuevos parlamentarios que asumirán funciones en junio del próximo año. No sería raro que el Gobierno apunte a eso.

El oficialismo también mueve sus piezas para tratar de atar todos los votos que sean posibles. Toda la maquinaria estatal está siendo puesta a disposición de la campaña. En algunos casos de manera abierta, como en las inauguraciones o actos de Gobierno, y en otras de manera solapada.

La reunión del presidente de ESSAP con sus funcionarios anunciando beneficios excepcionales es apenas una muestra de cómo algunos cosas que no se ven vienen ocurriendo casi normalmente o hasta se refuerzan en tiempos de campaña.

En el Gobierno intentan reafirmar la sensación de victoria, llegar al día de las elecciones con un empuje que haga ver que todo esta listo para ganar. La dirigencia y los voceros cumplen bien la tarea hasta tanto no se pongan nerviosos con alguna que otra encuesta.

Las dos semanas de campaña que quedan seguramente serán todavía mas frenéticas. El objetivo de ir sumando votos hará saltar algunas cosas más. Será interesante ver cómo llega cada equipo al día de las elecciones y sobre todo cómo manejan la votación. No porque habrá fraude, como anuncian algunos, sino porque podría ser una elección con características singulares.

ogomez@abc.com.py