08 de Noviembre de 2017

 

Escuchar la voz interior

Por Blanca Lila Gayoso

Cuando nos agobia un problema y nos dirigimos a Dios a gritos, nos equivocamos, porque en ese momento, más que nunca, necesitamos escuchar nuestra voz interior, es decir, oír a la conciencia. La mayor parte de las veces contamos la ansiedad, preocupación y angustia a medio mundo, armando escándalos, llorando a mares o quejándonos de todo.

Furiosos, alterados y totalmente fuera de control, sacamos lo peor que llevamos adentro, sin pensar que nos hacemos terribles daños emocionales y hasta agarramos trastornos físicos, como alteración de la presión arterial, ascenso de la glucosa en la sangre, desmayos, estrés y tantos cuadros más.

Por algo una de las virtudes cardinales es la templanza, que no es otra cosa que la paz, la serenidad y la calma, que provienen del dominio de sí mismo. Claro que tenemos que ejercitarnos mucho para lograr este estado mental y espiritual. Sin dudas, si logramos esta gracia de Dios estaremos más preparados para resolver cualquier situación, por más que parezca demasiado difícil y grave.

Todas y todos, en muchas circunstancias, vivimos situaciones límites, como muertes de seres queridos, enfermedades terminales, pérdidas de trabajo o dinero, fraudes, robos, asaltos o injusticias. Escuchamos rumores mal intencionados, que nos hieren profundamente. En esas horas nos sentimos doloridos, rabiosos e impotentes. En vez de reaccionar con ira, con prepotencia, soberbia y querer solucionar con el refrán ojo por ojo, diente por diente, conviene más, con fortaleza y calma, dar la otra mejilla como Jesús y perdonar.

Las personas que hacen yoga, meditan o llevan una vida natural son las que más desarrollan una vida espiritual. No consumen carne ni comidas elaboradas. Mucho menos embutidos, fiambres, hamburguesas o panchos. Tampoco consumen gaseosas, alcohol o cigarrillos. Todos los alimentos orgánicos o naturales, sin agrotóxicos o transgénicos, que son los manipulados genéticamente, prefieren en su régimen de nutrición.

En cualquier momento de nuestras vidas podemos tomar la Biblia y leer los salmos y los proverbios para sentirnos fuertes y fortalecidos. Salir a caminar o a dar un paseo por el parque o el jardín. Agradecer a Dios por tantos regalos que nos da a diario, la familia, la casa, los hijos, el trabajo, el pan, las flores, los animales, el cielo, la lluvia y la naturaleza entera. Falta nomás pensar un poco más que veamos las cosas que tenemos y no las que nos hacen falta.

En muchas culturas hay costumbres y rituales donde se agradece a Dios todas las dádivas y las gracias divinas, así como tener un día más de trabajo, pan y felicidad. Hablar con Dios es el secreto y de nuestra relación con Él depende que podamos vivir en bienestar total, con nosotros y con los demás. Tenemos que, en silencio, escuchar la voz interior.

blila.gayoso@hotmail.com

 
 

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