El techo pesado, las tejas y tejuelones movidos de lugar, los tirantes torcidos, las paredes con rajaduras; las salas de clases y administrativas con goteras son algunos de los problemas del edificio escolar. De los sanitarios construidos precariamente, ni hablar.
El Colegio Nacional San Juan Bautista funcionaba en el antiguo local de la Escuela Normal de Profesores número 6, que el próximo año (2018) cumplirá 100 años. Llama la atención que la estructura de esta escuela construida en el año 1918, pese a algunas modificaciones, se conserva fuerte e incólume. Demuestra que se levantó con bases firmes y que los materiales de la época también fueron los apropiados.
Los nuevos pabellones del Colegio Nacional Dr. Alén Espínola se inauguraron en el 2002. El colegio nocturno es histórico, por cierto, porque por sus aulas pasaron jóvenes laboriosos del campo y la ciudad; albañiles, oleros, funcionarios públicos y empleadas domésticas que tuvieron la oportunidad de estudiar y terminar el bachillerato a fin de seguir la carrera universitaria o el magisterio.
No pretendemos echar la culpa de las malas construcciones al ministro Enrique Riera, porque las escuelas y colegios que se van cayendo se construyeron en otras administraciones. El problema que se plantea es la necesidad de una rigurosa fiscalización de las nuevas obras: los cálculos, la calidad de los materiales y las construcciones que deben ser sólidas a fin de garantizar la seguridad a la comunidad educativa.
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Es curioso que las viviendas y edificios que se construyeron antaño con arena gorda y cal, a pesar de los años ni las tormentas ni granizos y torrenciales lluvias dañaron las edificaciones. En la actualidad, los locales de escuelas y colegios, pocos años después de ser inaugurados se desploman y ponen en peligro la integridad de los alumnos y maestros. Evitar que eso suceda sí es responsabilidad que debe ocupar a Riera.
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