Francisco recordó principios conocidos de la doctrina social de la Iglesia Católica en cuanto a los efectos negativos del sistema económico capitalista, el neoliberalismo globalizador, el dominio de los fuertes sobre los débiles y los fenómenos de la explotación y la miseria de los pueblos marginados tercermundistas.
Al advertir sobre la riqueza como fin principal del ser humano, el papa dijo textualmente: “A cualquier persona que tenga demasiado apego por las cosas materiales o por el espejo, a quien le gustan el dinero, los banquetes exuberantes, las mansiones suntuosas, los trajes refinados, los autos de lujo, le aconsejaría que se fije qué está pasando en su corazón y rece para que Dios lo libere de esas ataduras. Pero, parafraseando al expresidente latinoamericano (Pepe Mujica) que está por acá, el que tenga afición por todas esas cosas, por favor, no se meta en política, que no se meta en una organización social ni en un movimiento popular, porque va a hacer mucho daño a sí mismo, al prójimo y va a manchar la noble causa que enarbola. Tampoco que se meta en el seminario”.
¿Quiénes son los hombres ricos que se metieron en política? Hay muchos, demasiados en el mundo. Citemos solo a Putin en Rusia, Piñeira en Chile, Macri en Argentina, Cartes en Paraguay y, ahora, Trump en Estados Unidos. Si seguimos el pensamiento de Francisco, estas personalidades no debieran haber hecho lo que hicieron porque el apego por el dinero les impide ver las necesidades de la gente humilde, las demandas del pueblo pobre, la exigencia de equidad y justicia social de los marginados, los emigrantes, los refugiados, los esclavos del siglo XXI.
Es un tema difícil, delicado y, claro, muy polémico. Pareciera que Francisco está haciendo un elogio de la pobreza y una condena de la riqueza. ¿Ser millonario hoy es un impedimento, un lastre, un factor malo, si una persona acaudalada quiere “meterse en política”?
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Desde otra perspectiva, ¿solo la gente humilde y pobre o tal vez de clase media puede servir legítima y lealmente a su pueblo como líder político? ¿La pobreza conlleva una dosis de virtud que la riqueza no posee?
Las palabras de Francisco constituyen un fuerte llamado a la reflexión a todos los católicos. A quienes no somos millonarios ni estamos cerca de serlo, quizás el mensaje papal nos sirva para no preocuparnos tanto por acumular cosas materiales sino enfocarnos en ser felices amando y sirviendo a las personas que nos rodean y a la comunidad en que vivimos, sin que las fastuosas mansiones o los autos de lujo nos quiten el sueño.
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