No existe otra lectura posible. Si bien es imposible negar al nuevo presidente la facultad de remover al actual titular y designar a uno nuevo, para el cartismo es posible intentar que no cambien a otros que son igualmente útiles desde ese lugar clave. ¿Por qué es clave? Porque en la Senad, más que en cualquier otra institución de seguridad, existe discrecionalidad para avasallar y callar.
La incógnita del nombramiento de Giuzzio es ¿qué quiere hacer Marito con el narcotráfico durante su gobierno? Exterminarlo, disminuirlo o simplemente saberlo todo sin poder con él, porque hasta ahora la Senad es un organismo bien asesorado desde afuera, relativamente bien equipado, sobre todo para espiar (no solo a narcos) y corrupto como todos... pero peligroso.
Giuzzio tiene fama de saber investigar y hace gala con su escarabajo de una suerte de voto de pobreza, con lo cual Marito se gana de entrada un punto a favor de los varios que ya tiene en contra con sus designaciones escombro. Pero sus detractores lo acusan de una sobredosis mediática frente a la falta de eficacia para concluir sus casos.
O sea, se teme que haga “mucho ruido y pocas nueces” a sabiendas de las falencias del Poder Judicial, al cual corresponde finalmente sancionar. Pero existe otra incógnita más: ¿Está en condiciones Giuzzio de rechazar las “misiones políticas” que eventualmente asigne el Ejecutivo a la Senad para controlar, embarrar y si fuere necesario liquidar al enemigo? Porque se hacía todo eso –y se teme que sea capaz de hacerlo a favor y en contra– es que hasta ahora el cargo era de estricta confianza del presidente, tanto como el de comandante del Regimiento Escolta Presidencial.
ebritez@abc.com.py