Por razones de limitación de espacio, bastará citar el movimiento que ha desencadenado Howard Gardner con su propuesta de las “múltiples inteligencias” o el boom, incluso comercial, de Daniel Goleman con su “Inteligencia emocional”, para constatar cuánto interés hay en saber sobre nuestra inteligencia y las posibilidades de desarrollarla al máximo nivel posible.
Las primeras investigaciones y aplicaciones se han hecho durante décadas principalmente y casi exclusivamente sobre la inteligencia cognitiva; es decir, la inteligencia relacionada con la capacidad de pensar y de adquirir y producir conocimientos.
Goleman, recogiendo investigaciones de otros precursores sobre la inteligencia emocional, tuvo el acierto de elaborar su teoría y saberla vender popularmente para convertirse en bestseller. Completó el panorama de investigación sobre la inteligencia cognitiva, instalando la inteligencia de otro ámbito sustancial del ser humano, el ámbito de la afectividad.
Últimamente, poco a poco y silenciosamente, ha empezado a abrirse camino otro campo de la inteligencia que se ocupa de investigar la inteligencia propia del ámbito operativo, del ámbito de la acción: la “inteligencia ejecutiva”. Para los educadores que manejan la taxonomía de Bloom, referida a los tres ámbitos, el cognitivo, el afectivo y el operativo, resultará especialmente interesante ver que las investigaciones sobre la inteligencia humana se han orientado coincidentemente con esta clásica taxonomía pedagógica: una propuesta de desarrollo de la inteligencia, para cada uno de los tres ámbitos del quehacer educativo.
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Cualquier lector puede comprobar que hay muchas definiciones para decirnos qué es la inteligencia. De todas las que he conocido, me gusta esta: “Es la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones”. (Marina, 2012,19)
¿Pero qué aporta la inteligencia ejecutiva a las ya conocidas inteligencia cognitiva e inteligencia emocional? ¿Por qué es importante la inteligencia ejecutiva?
Justin Menkes escribió en el 2005 un voluminoso libro con el título “Executive Intelligence”. Dos años después, José Gamboa Ruiz enfrenta la inteligencia emocional con la inteligencia ejecutiva, en el libro “Inteligencia emocional versus inteligencia ejecutiva”. Y ahora, en el mes de mayo de este año, José Antonio Marina publica su libro “Inteligencia ejecutiva”.
No se trata de explicar cómo es la inteligencia de los “ejecutivos” empresariales inteligentes y exitosos, aunque ciertamente esos ejecutivos destacan porque están equipados con inteligencia para saber ejecutar, saber realizar o hacer realizar.
Se trata de la inteligencia para todos, en todas las circunstancias de la vida, que supone en quien la tiene tres competencias fundamentales para la acción: saber elegir metas y objetivos, saber elaborar los proyectos que nos conduzcan eficazmente a esos objetivos y saber realizarlos. Es decir, se trata de saber pasar las ideas a la acción.
¿Qué hay en nuestros currículos escolares y universitarios para promover el desarrollo de la inteligencia cognitiva, la inteligencia emocional y la inteligencia ejecutiva? ¿Cómo ayudamos a los estudiantes para que desarrollen su inteligencia y aprendan conocimientos y sepan producirlos? ¿Qué hacemos en la educación formal para el desarrollo de la inteligencia emocional que les capacite a manejar sus emociones, sentimientos, deseos, pasiones, su capacidad de amar y de ser amados? ¿Qué desarrollo promovemos en ellos de su capacidad de inteligencia para la acción?
De todas las competencias que actualmente se propone desarrollar el MEC por medio de sus currículos, ¿qué lugar ocupa la competencia fundamental del ser humano, la inteligencia, en sus múltiples posibilidades para todos los ámbitos de la personalidad de los educandos?
El estado de subdesarrollo y el desarrollo del país dependen de nosotros. No es el país el subdesarrollado, somos nosotros; el desarrollo solamente llegará si desarrollamos nuestros cerebros.
El desarrollo de la inteligencia es la principal materia prima y el mayor bien estratégico que tenemos a nuestro alcance.
(jmontero@conexion.com.py)