No estamos hablando solamente de los parlamentarios nepotistas, estamos hablando de todos los funcionarios implicados en el sistema prebendario, clientelar y nepotista, que incluye inclusive a ministros de la Corte. El discurso de todos ellos para referirse al disgusto ciudadano comienza indefectiblemente con “está muy bien la reacción de la gente” y cosas por el estilo para no provocar mayor indignación con sus intervenciones.
Ensayan fórmulas como pedir perdón al público, ponerse en papel de víctimas, que no sabían lo que hacían, que se anticipan en pedir ellos mismos el desafuero, que esto les pasa por querer ayudar a la gente o que no está mal que los parientes trabajen en las instituciones donde ellos son las máximas autoridades. Los cómplices tratan de minimizar los hechos comparando los daños que esto causa al Estado con los robos cometidos durante gobiernos anteriores. Entre paréntesis, los cómplices son aquellos que tienen las mismas causas, pero a quienes aún no les llegó el turno del destape.
Argumentos como estos solo buscan distraer, confundir y ganar tiempo para sus defensas políticas, sí políticas aunque se diriman en las esferas judiciales, porque el verdadero poder se demuestra con la capacidad de ejercer la impunidad en cualquier instancia, especialmente en el ámbito judicial donde los magistrados están pendientes de las tendencias y las corrientes predominantes, pero muy especialmente están pendientes de las “orientaciones políticas” que deben dar los mandamases de turno.
Perder el fuero no es prácticamente nada cuando los afectados tienen la suficiente capacidad de eludir la justicia con sus poderes reales, y los fueros no son necesaria y únicamente parlamentarios. Ahí tienen a los policías implicados en el robo a Prosegur: se les quitó el “fuero” del uniforme, el arma y el mando efectivo, pero nadie los despojó del poder real de intimidar, de amenazar con el cual posiblemente harán torcer la vara de la justicia a favor de ellos.
En Paraguay lamentablemente no tenemos magistrados de la talla de los que fallaron en el escándalo conocido como el mensalão, a quienes no les temblaron las manos para decretar la prisión de poderosos señores de la política, señores que todavía cuentan con poderosos tentáculos del poder actualmente vigente en Brasil.
En ese caso, de que tuviéramos una justicia imparcial e independiente, podríamos pensar con esperanza que el desafuero es un buen camino para soñar con la justicia en Paraguay, y por ende para pensar que en el futuro cercano la corrupción ya no constituye problema mientras la justicia garantice impunidad cero para todos por igual.
Duele admitirlo, pero es la verdad, nadie nos garantiza que el desafuero de los parlamentarios es el comienzo institucional de un proceso judicial que terminará de acuerdo con el orden legal vigente. Ya ustedes van viendo cómo algunos hábiles abogados van acomodando las fichas para que los peones de la quinta de Areguá se conviertan de la noche a la mañana en eficientes funcionarios de la Cámara de Diputados, quienes de pronto vieron por primera vez una tarjeta de débito, inclusive con una historia preparada por abogados que niega todo lo declarado a la prensa desnudando la miseria humana.