KO (knock-out) para la cultura

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SALAMANCA. “Lo de la puntualidad es nada más un ejemplo de cultura, los valores. La función nuestra será proyectar los bienes culturales, que se valoricen en Paraguay y en el exterior”. Con esta frase magistral (del latín “magistralis”, relativo al ejercicio del magisterio), el nuevo ministro de Cultura hizo su entrada en el gabinete de Horacio Cartes. Era como lanzar una frase contundente, que causara, más que impresión, una suerte de sobrecogimiento histórico, comparable a la frase “Alea jacta est” (la suerte está echada) pronunciada por Julio César al cruzar el río Rubicón.

Después de una sorpresiva destitución de Mabel Causarano, vino la segunda sorpresa: sería sustituida por el bioquímico, docente y disertante motivacional Fernando Griffith, un nombre absolutamente nuevo dentro del campo. Pero tiene razón, la puntualidad es parte de la cultura, como también lo es la cocina, el baile, las ceremonias fúnebres, los ritos matrimoniales, incluso el escupir en el suelo o orinar en la calle. Todo es cultura. Me recuerda esto una película con Marlon Brando que, si la memoria no me falla, se llamaba “La casa de té de la Luna de Agosto” en la que un japonés mendicante (Brando) le explica a un norteamericano el concepto de pornografía: “Pornografía, le dice, es geografía. En Estados Unidos colgar cuadro de mujer desnuda es bueno; en Japón es malo. En Japón bañarse toda la familia junta es bueno; en Estados Unidos es malo...” Y así una serie de diferencias. Le podríamos agregar también que “cultura es geografía”: entre los jíbaros está bien visto (y es obligatorio) comerse al enemigo en un festín al que se invita a toda la toldería. Entre nosotros creo que no estaría muy bien visto que nos comiéramos al enemigo aunque algunas veces tengamos ganas de hacerlo.

Creo que este no es precisamente el objetivo que se tuvo, tiempo atrás, cuando se decidió crear una secretaría de cultura, con rango de ministerio. El objetivo no es la cultura en sentido antropológico, sino esa otra, de sentido mucho más reducido y que tiene que ver con la actividad creativa de los ciudadanos; más concretamente, con la labor de sus artistas y sus intelectuales. Esta idea de despiste salta a la vista cuando los periodistas le preguntaron sobre su trayectoria para ejercer el cargo y respondió que forma parte del proyecto “Paraguay Poderoso” financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, que busca cambiar la visión de los ciudadanos paraguayos sobre el país y sobre sí mismos. Lejos estamos, entonces, de ese ministro ideal que muchos esperamos.

No cuestiono que sea bioquímico de profesión (Musil era ingeniero, Baroja, médico; Levi, químico; Kafka, abogado; Delibes; licenciado en comercio), pero sí es cuestionable que se haya puesto en este cargo a un neófito en el campo cultural. El presidente Horacio Cartes debería haber buscado un buen gestor cultural que tenemos varios, con mucha experiencia y mucho conocimiento del ambiente. Para mayor inri, se ha sacado del ministerio a una persona con trayectoria y conocimiento, para sustituirla por un novato.

Este nombramiento pone en evidencia por quincuagésima vez el desinterés absoluto de la clase política de nuestro país hacia la cultura y sus trabajadores. ¿Qué se quiere cambiar “la visión de los ciudadanos paraguayos sobre el país y sobre sí mismos”? Pues se ha perdido una excelente oportunidad porque son sus artistas y sus intelectuales, quienes han contribuido en mayor medida a ofrecer una imagen positiva del país que ha sido sumergida en el fango por una clase política ineficiente y corrupta.

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En uno de sus números, el grupo Les Luthiers recrea un boletín informativo en el que se da a conocer el gabinete del general que acaba de asumir el poder tras un golpe de Estado: “Ministro de Exteriores: general fulano de tal. Ministro del Interior: general de división mengano de tal. Ministro de Economía: contralmirante zutano de tal. Ministro de Obras Públicas: coronel tal por cual. Ministro de Agricultura: general de brigada fulano de tal”, así hasta mencionar al último: “Ministro de Cultura: sargento primero Eudoxio Cañete”. Con lo que se demuestra la nula creatividad de Les Luthiers, ya que no hacen otra cosa que contarnos la realidad del mundo que nos circunda.

jesus.ruiznestosa@gmail.com