La camiseta del ministro

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“He pedido, a lo largo y a lo ancho de la República, a mis 18 coordinadores y coordinadoras, que por extraña coincidencia son todos colorados (risas y aplausos), para que en cada departamento, en cada departamento lleguen a todos los supervisores, lleguen hasta el último y la última docente, porque donde hay una escuela hay una iglesia en el fondo de la compañía Paraguay profundo, y esa maestra que todas las mañanas va en una moto, en un tape po’i con frío, con lluvia en la cara a atender a esos chicos para hacerles construir su futuro, que se ponga la camiseta del Partido Colorado y que se ponga la camiseta de la lista 2 para dar una victoria contundente, porque de la docencia colorada depende ganar o perder en este departamento”.

Esta fue la arenga del ministro de Educación Enrique Riera a un grupo de docentes de Villarrica, a quienes también dijo con tono humorístico “además, yo ahora también ya soy candidato y tienen que votar a su jefe”.

Entrevistamos al ministro en la 730AM el viernes. Riera dice que se malinterpretaron sus palabras porque estas fueron formuladas en una reunión privada y en un ambiente familiar, y además agrega que hizo ese discurso porque no había medios de comunicación.

Cuando estamos en cancha partidaria y fuera de horario de trabajo estamos todos en campaña, ensayaba el ministro a modo de justificación.

Pero un ministro de Educación es ministro a tiempo completo, lo que haga y diga tiene efecto, y contribuye a reforzar o modificar eso tan intangible que denominamos cultura.

Una cultura política aún con rasgos de autoritarismo y servilismo, con prácticas prebendarias como método de construir lazos y vínculos políticos.

El problema se agrava porque tenemos una desgraciada historia de partidización de la educación, una historia en la que el carnet de afiliación se constituyó en requisito para poder acceder a un cargo.

Una historia en la que los cuadros jerárquicos docentes fueron a su vez cuadros de operadores partidarios, premiados o castigados conforme a sus lealtades políticas.

Lo de Riera no puede tomarse solo como una muestra de entusiasmo de un político cualquiera. Es ministro de un área fundamental para el desarrollo del país. Ministro para todos los docentes, sean de Honor Colorado, Colorado Añetete, liberales, del Frente Guasu o sin partidos políticos.

La política es comunicación, es lenguaje, es simbología. Y el mensaje transmitido para todo aquel maestro que esté pensando en concursar o acceder, es que el jefe, como se autodenominó, en este momento está en campaña.

Es el mismo ministro que en julio pasado pedía también que nadie se sienta arreado, asegurando que quería blindar a las escuelas y colegios del proselitismo en este año electoral, ante la preocupación y denuncias de que existen presiones de supervisores y directores a los docentes.

El ministro Riera debe recordar que ser ministro de Educación es ser ministro todo el tiempo y para todos.

Y la educación, esa que debe estar blindada contra las mezquindades sectarias y que en nuestro país fue tan prostituida partidariamente a través de las prebendas, necesita una mentalidad amplia e incluyente, que vaya más allá de pedirle a un docente que se ponga la camiseta de un partido o de la lista de un movimiento.

La educación es la clave del destino del hombre y de su posibilidad de actuar en un mundo mejor, recordaba con frecuencia el presidente estadounidense John F. Kennedy.

guille@abc.com.py