01 de Febrero de 2012
La contramarcha de la historia
El excelente libro "¡Basta de Historias!", de Andrés Oppenheimer, relata de manera práctica la costumbre latinoamericana de irnos para atrás. Comenta la conducta que tenemos en esta parte de América para zambullirnos reiteradamente en el pasado y quedarnos inmersos en los sucesos históricos en vez de salir e ir hacia el futuro.
Escarbar el pasado es un hábito bastante arraigado en todos estos países denominados hoy bolivarianos. Nombre que no pega en el Paraguay, ya que todavía existen ciertos resentimientos, y si uno escucha algunos compuestos de Emiliano, lo relacionamos erróneamente con la triste historia de "el que orina o llega último es bolí kuñá" y, por cuestiones de principios políticos, creo que el Bolívar ese "no funca" en este país, ni con las excesivas dádivas y desmedidos subsidios extendidos por la zurda caviar.
Los países de verdad y los que tienen miles de años de historia hoy están entre los primeros del mundo, y ni tan siquiera por el retrovisor ven el pasado. Solo reconocen y dan importancia a la historia como una manera de unir al pueblo y recordarse de sus héroes que fueron ejemplo, pero todo orientado hacia el futuro y mirando siempre el mañana, la prosperidad, el crecimiento y la eventualidad.
Muchos países asiáticos, que pocos años atrás eran más pobres que nosotros, comenzaron a mirar para adelante y, de furgón de cola por tanto tiempo, pasaron a convertirse en locomotoras acarreadoras de desarrollo y economías exitosas de primer orden con una base muy simple y común: la educación.
Precisamente la educación es tan esquiva en nuestro país. La famosa Reforma Educativa terminó en "remorfa", en morfarse todo, y hoy los altos mandamases del Ministerio de Educación ni pueden explicar el oscuro origen de una adjudicación de materiales escolares. O las huelgas que propician los educadores en busca de mejores salarios sin poder superar unos toscos y anticuados test que solo evalúan y confirman la mediocridad que tiene la gran mayoría de los que "enseñan" a nuestros hijos.
En los países que progresan, los sueldos asignados a quienes enseñan son equiparables a los que mejor ganan, pero para eso la preparación del educador es rigurosa, con capacitaciones constantes y efectivas y con evaluaciones periódicas y de rigor. En el Paraguay y el "mundo bolivariano" la cantidad de horas de clases es una burla. La lluvia, el calor, el frío, la moto de la profe, la comisión de padres, el viento sur, el vóley de las 3 de la tarde, la novena pahá ni la caja escolar deben ser excusas para no alcanzar una buena educación.
La enseñanza del inglés es una obligación para los que apuntan al desarrollo, y ya en las primarias aulas se impone ese idioma como manera de entrar en contacto con el mundo. En el Paraguay se enseña el idioma nativo que no se habla y lo único que se consigue es que los alumnos le odien a la lengua guaraní. Los programas, presupuestos, gobernantes y ministros educativos nunca sirvieron. Carburan a leña y, encima, mojada.
¿Enseñar el inglés? ¿El idioma de países capitalistas? ¡Jamás ! Sigamos insistiendo bolivarianamente con el guaraní, que solo algunos lo entendemos. Eso nos servirá enormemente para insultar a los futbolistas extranjeros sin que nos entiendan y para tratar de antiparaguayos a los que saben producir la tierra y pagan los impuestos. Para más, estos "foráneos" no cantan el himno compuesto por un extranjero ni hacen flamear la bandera con el león africano, el gorro frigio y la rama del olivo como escudo nacional.
Quedo convencido, y más vencido que nunca, de que nuestras autoridades han leído este libro, porque todo programa nacional desarrollista está al revés de lo que hacen los países que progresan. Y no solo nosotros, los guaireños, le damos por el envés.
Les recomiendo el libro "¡Basta de Historias!". Lastimosamente al Paraguay se lo cita como país en joda, pero eso equivale a que se escribió en serio.
Escarbar el pasado es un hábito bastante arraigado en todos estos países denominados hoy bolivarianos. Nombre que no pega en el Paraguay, ya que todavía existen ciertos resentimientos, y si uno escucha algunos compuestos de Emiliano, lo relacionamos erróneamente con la triste historia de "el que orina o llega último es bolí kuñá" y, por cuestiones de principios políticos, creo que el Bolívar ese "no funca" en este país, ni con las excesivas dádivas y desmedidos subsidios extendidos por la zurda caviar.
Los países de verdad y los que tienen miles de años de historia hoy están entre los primeros del mundo, y ni tan siquiera por el retrovisor ven el pasado. Solo reconocen y dan importancia a la historia como una manera de unir al pueblo y recordarse de sus héroes que fueron ejemplo, pero todo orientado hacia el futuro y mirando siempre el mañana, la prosperidad, el crecimiento y la eventualidad.
Muchos países asiáticos, que pocos años atrás eran más pobres que nosotros, comenzaron a mirar para adelante y, de furgón de cola por tanto tiempo, pasaron a convertirse en locomotoras acarreadoras de desarrollo y economías exitosas de primer orden con una base muy simple y común: la educación.
Precisamente la educación es tan esquiva en nuestro país. La famosa Reforma Educativa terminó en "remorfa", en morfarse todo, y hoy los altos mandamases del Ministerio de Educación ni pueden explicar el oscuro origen de una adjudicación de materiales escolares. O las huelgas que propician los educadores en busca de mejores salarios sin poder superar unos toscos y anticuados test que solo evalúan y confirman la mediocridad que tiene la gran mayoría de los que "enseñan" a nuestros hijos.
En los países que progresan, los sueldos asignados a quienes enseñan son equiparables a los que mejor ganan, pero para eso la preparación del educador es rigurosa, con capacitaciones constantes y efectivas y con evaluaciones periódicas y de rigor. En el Paraguay y el "mundo bolivariano" la cantidad de horas de clases es una burla. La lluvia, el calor, el frío, la moto de la profe, la comisión de padres, el viento sur, el vóley de las 3 de la tarde, la novena pahá ni la caja escolar deben ser excusas para no alcanzar una buena educación.
La enseñanza del inglés es una obligación para los que apuntan al desarrollo, y ya en las primarias aulas se impone ese idioma como manera de entrar en contacto con el mundo. En el Paraguay se enseña el idioma nativo que no se habla y lo único que se consigue es que los alumnos le odien a la lengua guaraní. Los programas, presupuestos, gobernantes y ministros educativos nunca sirvieron. Carburan a leña y, encima, mojada.
¿Enseñar el inglés? ¿El idioma de países capitalistas? ¡Jamás ! Sigamos insistiendo bolivarianamente con el guaraní, que solo algunos lo entendemos. Eso nos servirá enormemente para insultar a los futbolistas extranjeros sin que nos entiendan y para tratar de antiparaguayos a los que saben producir la tierra y pagan los impuestos. Para más, estos "foráneos" no cantan el himno compuesto por un extranjero ni hacen flamear la bandera con el león africano, el gorro frigio y la rama del olivo como escudo nacional.
Quedo convencido, y más vencido que nunca, de que nuestras autoridades han leído este libro, porque todo programa nacional desarrollista está al revés de lo que hacen los países que progresan. Y no solo nosotros, los guaireños, le damos por el envés.
Les recomiendo el libro "¡Basta de Historias!". Lastimosamente al Paraguay se lo cita como país en joda, pero eso equivale a que se escribió en serio.






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