El acuerdo de disidentes y oficialistas en la integración de los tribunales, a mediados de semana, aquietó las aguas. Lo que aparentaba ser una convención marcada por el enfrentamiento de a poco fue dando lugar a una de acuerdos mínimos. Estamos en un juego de sombras donde mucho de lo que parece realmente podría no ser.
En general en mayor o menor medida las convenciones marcaron un antes y un después en la vida partidaria. La de 1987 dividió al partido. Fue el principio de la caída del dictador Alfredo Stroessner. La de 2011 fue la que abrió las puertas para que Horacio Cartes llegue a la presidencia de la República.
La de hoy definirá la candidatura presidencial. La moldeará de dos maneras. Al autorizar o no las alianzas y al incorporar una prescripción para avanzar en una enmienda constitucional que habilite un segundo mandato presidencial.
En rigor la reelección presidencial no forma parte del orden del día. Cuando se convocó la reunión el propio Cartes pidió que no sea incorporada al debate. Solo algunos días después todo cambió. En las últimas semanas cobró fuerza que la cuestión será debatida a pedido de los convencionales que previamente fueron conversados por los dirigentes partidarios. ¿Qué cambió en esos días? Los dirigentes oficialistas convencieron a Cartes de que no frene la iniciativa. Que les permita aprobar los mecanismos constitucionales para un segundo mandato. Desde el ala empresarial no hubo acuerdo y en el entorno familiar la situación fue incómoda, pero Cartes aceptó.
Con ese acuerdo el aparato colorado controlado por la dirigencia empezó a trabajar para lograr que el Congreso apruebe la enmienda. En los últimos días la batalla en la Cámara de Diputados entre oficialistas, disidentes y opositores alcanzó niveles épicos. Negociaciones en mitad de la noche, presiones y cambios de último minuto hicieron que el tema quede trabado en la Cámara de Diputados al menos hasta después de la reunión de los colorados.
El oficialismo tendrá mayoría en la convención y no son pocos los que creen que impondrán una decisión para impulsar la modificación de la Constitución a fin de habilitar que Cartes vuelva a ser candidato presidencial. Con ese mandato en mano la dirigencia podría presionar a los legisladores de la ANR para no votar en contra de una enmienda. Como mínimo es una maniobra arriesgada que podría acabar generando una enorme división que terminaría matando cualquier iniciativa legislativa.
En los inicios de su mandato Cartes rechazó abiertamente y en más de una ocasión la reelección presidencial. En su entorno más cercano que definió su incursión en política, donde no están los dirigentes partidarios, continuar en la presidencia de la República no era una opción. En ese grupo siempre se rechazó esa posibilidad. Eso hasta ahora no varió.
En los últimos tiempos cuando se habló de nuevo de un segundo mandato Cartes mantuvo una posición ambigua. Las veces que se refirió al tema no afirmó realmente que buscaría la reelección. Lo que no hizo fue rechazar la iniciativa que llevan adelante los dirigentes colorados. Cumplió su parte del acuerdo. Llegó hasta las orillas de una aceptación, pero nunca dio el paso final.
La dirigencia colorada y los convencionales esperan que Cartes hable hoy. En todo el día de ayer los dirigentes colorados trataron de buscar una respuesta del Presidente. Hasta el senador Juan Carlos Galaverna volvió a la residencia presidencial en busca de orientación. Las respuestas estarán esta mañana en una convención colorada que será seguida de cerca incluso por los opositores. De los resultados dependerán las decisiones.
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