19 de Setiembre de 2017

 

La entrevista a Cristina

Por Lourdes Peralta

La expresidenta argentina concedió, después de más de una década, una entrevista y nada más y nada menos que al “enemigo”. El largo encuentro, bajo la cadena Infobae, de dos horas. Espero que la gran mayoría de los colegas, sobre todo los que tienen experiencia y trayectoria, hayan visto o se dispongan a ver el enfoque y los detalles. Sin dudas, hay que entender el contexto argentino, principalmente situarse en Buenos Aires, que es desde donde emiten las primeras conclusiones, sentimientos, pareceres, etc.; no obstante, sin estar detalladamente enterado de cada caso, el material guarda mucho para comentar.

La nota comienza cuando Cristina, ante el “Dra. Kirchner”, pide “Llamame Cristina, por favor”, a lo que el periodista Luis Novaresio responde: “Voy a tratar” (cosa que finalmente no hizo durante el desarrollo de la entrevista). La exmandataria respondió y habló de muchos temas: desde el caso Nisman, Venezuela, su fortuna personal, entre otros, y hasta se centró en sus sentimientos particulares frente a los ataques del periodismo de guerra y los cuestionamientos hacia su gobierno. Aún quedaron muchos temas en el tintero –como el del caso de la tragedia de Once– y en la espera de la gente. Después de lo que en el país vecino ya denominan “la entrevista del año”, explotaron los comentarios de seguidores y opositores.

Sin opinar aquí sobre Cristina Kirchner, me dediqué a observar y escuchar cada una de las palabras, posturas físicas, miradas, tonos de respuesta y de preguntas que surgieron durante la entrevista (de ambos lados).

En un momento de la entrevista se le preguntó a Cristina, sobre la grieta política, es decir, sobre la división social, diferencia de pensamientos, de sentimientos generados durante su mandato. Ella respondió con una anécdota de infancia, recordando que ya sus propios parientes discutían sobre el peronismo al punto de acabar un encuentro familiar disgustados. Extrapolando, ¿cuáles serían nuestras grietas estructurales?

Lo que nos queda para pensar es qué potencial de liderazgo (quiénes) existe para dignificar la vida en nuestro país. Cierto, vamos a otro ritmo, nuestra historia es diferente, como lo es nuestra idiosincrasia, pero la discusión es la misma: determinar qué línea política, decisiones y acciones tomar sin excluir a nadie... Una de las preguntas que, tras la entrevista, surgieron en redes decía: ¿quién paga los errores de un presidente: su gobierno o el pueblo?

Novaresio remató su entrevista basándose en un cuestionario que hace el periodista y crítico francés Bernard Pivot: 1) Si dijo toda la verdad y nada más que la verdad, y 2) Si existe el cielo o el infierno, ¿qué le diría Dios cuando ella llegue?

Este momento periodístico pasó, pero, acorde al tiempo proselitista, aumentarán notas y entrevistas. No perdamos la oportunidad de verlas. Luego este tipo de material se pasea por todo tipo de programas, chismosos, jocosos, serios. Ya veremos, según la preparación que tenemos, cómo lo podemos aprovechar. Ojalá sea para aprender a formarnos una opinión más allá de cualquier ideología.

lperalta@abc.com.py

 
 

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