La gran educadora

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Celebramos el 24 de febrero el Día de la Mujer paraguaya y el 8 de marzo, su día internacional, son fechas que nos invitan a una profunda reflexión acerca de la situación que estamos atravesando y en especial al tema de la violencia que sufren las congéneres.

Casi nada se puede hacer para disminuir el índice de feminicidios, que va aumentando cada día. Esto nos lleva a pensar que como mujeres, grandes educadoras en la dimensión espiritual del ser humano, tenemos que tomar La posta y buscar las respuestas.

La mujer es un ser sublime. Dios nos regaló la gran tarea de ser madres. Nuestra naturaleza, nuestro código genético nos lleva a albergar 9 meses una personita en nuestro cuerpo. Y después, cuando nace la criatura, tenemos que poner todo el empeño para alimentarla, vestirla y educarla. También el padre, obviamente, debe participar en todas estas tareas.

Educar en el amor es lo más importante. Hoy día, el consumismo que nos vende miles de cosas innecesarias obligan a las mamás a salir a trabajar para comprar cosas que supuestamente les darán una mejor calidad de vida. Pero esto es un engaño. Mientras tenemos que pagar miles de cuotas, viviendo en permanente estrés, descuidamos la salud física y emocional de nuestros hijos. Tan solos y desamparados se encuentran que no es raro que al llegar a la adolescencia se conviertan en chicos conflictivos.

Nosotras, las mujeres valientes, heroicas y gloriosas, como dice el papa Francisco, no podemos quedar con los brazos cruzados, Tenemos que hacer algo y eso tiene que ser ahora mismo. Replantear nuestra misión y cambiar los patrones de conducta. La moda nos impone ropas muy cortitas y provocativas, con las que vestimos a nuestras pequeñitas. Tenemos que estar delgaditas para gustar a los hombres y gastamos mucho dinero en gimnasio, pastillas para adelgazar, cosméticos, perfumes, ropas, peluquerías y zapatos. Estamos obsesionadas por lucir bellas y perfectas. Nos hemos convertido en objetos de consumo. Y para más, descartables. Muchos esposos se quejan de que sus compañeras se pasan horas con sus celulares y descuidan a los hijos. Estamos de acuerdo que la atención corresponde a ambos, es un rol compartido. Y este punto hay que hablarlo con dulzura, paciencia y calma, para que no estalle en celos y violencia.

Tenemos que recuperar nuestra esencia, la femineidad al máximo. Ser mujer desde el alma, en todo sentido y expresarnos con amor, ternura, cariño y comprensión para educar correctamente. ¿Qué modelo de hombre y mujer van a adoptar nuestros hijos? ¿Y qué valores espirituales les estamos transmitiendo para que crezcan con templanza y fortaleza? Y con esa formación, qué país y qué sociedad construirán en el futuro.

Una vez más, la mujer es la gran educadora. La llamada a realizar la gran revolución y el cambio social. Es una transformación que nos exige abandonar comodidad, egoísmo, vanidad y superficialidad. La misión es imperiosa y la tenemos que comenzar ahora. Si actuamos con sabiduría y amor, saldremos exitosas. Y seremos de nuevo, gloriosas, heroicas y valientes.

Blila.gayoso@hotmail.com