En pleno siglo XXI, y a pesar de haber transcurrido casi un centenar de aquella contienda, los pobladores que viven en Alto Paraguay –que forma parte de ese territorio defendido por nuestros abuelos– mantienen una interminable contra las injusticias sociales.
El abandono de años del Alto Paraguay por los sucesivos gobiernos centrales, regionales y municipales hace que las personas vivan a diario conflictos sociales que impiden el desarrollo personal y comunitario.
Los destrozados caminos que dejan aisladas a poblaciones enteras por varios meses del año apenas se producen las temporadas de lluvias es una de las batallas mas difíciles de vencer. La precariedad de los centros asistenciales dependientes del Ministerio de Salud Pública que provocó la muerte de personas inocentes es otra de las amargas realidades del día a día de los habitantes de esta parte de la Región Occidental.
A esto se suman los eternos apagones de la ANDE que se restablecen tras varias horas e inclusive días. El corte más reciente se produjo a inicios de la pasada semana y duró 56 horas.
El peor enemigo que se tiene actualmente en el Chaco es la “ignorancia”. Este es el mal que deben vencer los pobladores si pretenden un mejor horizonte.
El desfavorable panorama social es bien aprovechado por los políticos oportunistas que se lucran con el dinero público que administran en las instituciones estatales.
El Estado paraguayo destina millonarias sumas que deben ser invertidas en el desarrollo de las comunidades, pero en la realidad gran parte de ese dinero sirve para elevar el nivel económico de mal llamados dirigentes o líderes políticos, varios con cuentas pendientes con la justicia.
Cuando los pobladores venzan el miedo a reclamar sus derechos declararán la guerra a la ignorancia y la región comenzará a transitar por el camino hacia el desarrollo.
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