La inestabilidad que acecha

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La campaña electoral con vistas a las elecciones del 22 de abril continúa sin muchos matices.

La dupla de la oposición Efraín Alegre-Leo Rubín juega sus cartas a que el escenario electoral se polarice cada vez más y que la gente se decante hacia ellos como única opción para que el Partido Colorado no continúe en el poder.

En tanto, el candidato oficialista Mario Abdo Benítez ata sus posibilidades a la fidelidad y disciplina del Partido Colorado, sin preocuparse de los votantes independientes considerando, aparentemente, que la mayoría no participará por falta de interés y menos aún, de entusiasmo.

La polarización que plantean los candidatos de la Alianza Ganar es con el cartismo, aprovechando que el presidente Horacio Cartes, pese a haber sido derrotado en la interna, sigue siendo omnipresente en la campaña electoral.

Los candidatos de la oposición no dirigen su artillería a Abdo Benítez sino al Mandatario, que carga con el desgaste del gobierno colorado. Hasta ahora, no insisten mucho en ligar a Cartes y Abdo Benítez, aparentemente reservando esa carta para los últimos días de campaña. 

Cartes es consciente de la antipatía que genera y teme que un desastre electoral en la lista para el Senado afecte de manera decisiva sus planes futuros. Eso explica que en los últimos actos proselitistas amenace a los colorados que no voten “de punta a punta” a la Lista 1. Pretende infundir temor, poniendo en duda el carácter secreto del voto, al señalar que se sabrá quiénes cruzaron su voto. Su reacción revela también que sabe muy bien que nadie que no sea colorado votará por la lista del partido.

El discurso del Mandatario y candidato a senador, en cada acto político del que participa, recordándoles que en 2013 devolvió el poder a los colorados (lo cual es discutible), suena en estas circunstancias a amargo reproche hacia los afiliados por haberle bajado el pulgar en la interna y por estar preparándose para hacer lo mismo en las elecciones generales.

Lo ocurrido recientemente en el Senado, donde no se trató la renuncia del vicepresidente Juan Afara, preanuncia lo que ocurrirá con una eventual renuncia de Cartes. La situación obligará a ambos a seguir en el cargo hasta el 15 de agosto y tratar de jurar posteriormente, lo cual, en las actuales circunstancias, parece sumamente vidrioso.

En este escenario, el rumor de que Cartes renunciaría a ser senador (en algunos círculos ya se lo coloca como futuro director del departamento de selecciones de la APF) suena hasta creíble, si no fuera porque su ambición y tozudez hará evidentemente que continúe en la carrera política.

Contrariamente al discurso de Cartes, el mensaje de Mario Abdo Benítez es un llamado a la concordia y al consenso, receta evidente del publicista de turno. Es posible que esa imagen le sirva para ganar muchos votos de los electores que huyen de los conflictos y del debate, algo inherente al sistema democrático.

Sin embargo, en caso que resulte ganador esa predisposición no le servirá de mucho. Los dirigentes que rodean al candidato presidencial y él mismo dicen que luego del 22 abril, fecha en la que esperan ganar, comenzará a imponerse y dejar de ser funcional a Cartes. Sin embargo, conociendo el calibre de sus adversarios internos, es evidente que esa decisión no le saldrá gratis.

Desde que ganó la interna, Abdo Benítez se dedicó a despilfarrar el capital político que significaba haber derrotado al cartismo, al punto de disminuir drásticamente su ventaja en las encuestas para ganar la elección de abril.

El slogan de su campaña, “Paraguay se mueve”, antes que una imagen de dinamismo, suena ya a la inestabilidad que lo acecha amenazante.

mcaceres@abc.com.py