La salud, la educación y la agricultura

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Una cuestión que es interminable solemos encarar con amigos muy propensos a la sana discusión. El tema no tiene nada de embarazoso ya que se discute entre caballeros muy adictos a la madrugada e incondicionales de la bodega y lomitería “Chaplin” de mi barrio Ybaroty de Villarrica.

Hace poco fue encarado si cuál es la necesidad perentoria de un nuevo ser que nace en el Paraguay. Uno quiso extenderse más de nuestra frontera y, abusando de la entera confianza de los comensales y de otros que comen y salen, expuso que eso atañe a todos los que nacen en este planeta.

Como podrán darse cuenta, la preocupación que reina en ese ambiente es trascendental y concluyente. En el foro “Chaplin” se solucionan todos los problemas del mundo, del Mercosur, del Paraguay, de las reelecciones, del Guairá, de Villarrica pero menos el de sus componentes. Los problemas son evocados y revocados con una legítima y comprobada democracia y no de esa que perezosamente viene caminando desde la caída del opresor Alfredo Stroessner.

Si se debe priorizar la salud, la educación o la agricultura en el Paraguay y en este planeta fue el delicado contenido de la madrugadora sesión del sesudo grupo. Muchos opinaron que los tres escenarios tenían importancia igualitaria y que no era el momento para discutir. Un arquitecto metió su cuchara y procuró incluir a las obras dentro del temario. Desde el fondo alguien argumentó que esas ocupaciones eran arena de otra costa.

Por suerte la fría madrugada fue comprimiéndose con algunos encendidos aportes de la perrada y rescaté varios testimonios. Entre casi todos, la salud acaparó la importancia y el resto se paró para retirarse. La educación fue mencionada por alguna gente y la agricultura, una vez más, no tuvo quórum.

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Los comentarios iban y venían, aunque más venían que iban y se escuchaba que mediante la salud el recién nacido podría llegar a adulto con las vacunaciones y algunos hasta argumentaban el alcance de la salud preventiva que se hacen en los países que son de verdad y a los que habrían que imitar.

El único estudioso presente impugnó todo diciendo que la educación es la base del desarrollo, que sin ella seguiremos en la ignorancia. Lastimosamente las clases se dan debajo de un árbol porque aulas no hay o se caen a pedazos, la plata se cocina con la merienda y el almuerzo del Fonacide, que irán maestras a Francia a “especializarse” y ni supieron traspasar elementales pruebas de admisión y esos mismos jóvenes que piden más carga horaria son los que hacen hurra cuando la maestra no va a clase. Terminó diciendo que se debe cumplir con la trilogía educativa del éxito: plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo. Alguien dijo para qué hacer tanto si acá nadie lee un libro, hasta un obispo tiene hijos y nadie planta un árbol y que el hijo se planta ante el padre, el padre y obispo plantan hijos y son los pocos que leen muchos libros.

Con el sol saliendo fui entrando a mi casa y comencé a pensar, no como ingeniero agrónomo, que la vida comienza con un buen alimento por la boca y no por los ojos, que ese embarazo de la futura mamá debe nutrirse de vitaminas, proteínas y minerales que la agricultura le provee, que con una excelente alimentación nacerá un ser sano, que solo usará el hospital para las vacunaciones y que ya no será carne de cañón de la joda del Fonacide en los municipios, en las gobernaciones y de la Generala.

Regresé a la bodega “Chaplin”, ya todos se habían retirado y me dije: ¿será que la agricultura y la buena alimentación están delante de la salud y la educación?

caio.scavone@abc.com.py