Démosle vuelta a este discurso triunfalista como se le da vuelta a un saco viejo para ver si se lo puede seguir utilizando: a las pruebas de las 1.000 becas de Itaipú se presentaron 3.592 aspirantes y se aplazó el ¡95%! Ante tamaña catástrofe se recurrió a una triquiñuela poco clara para disfrazar una bajada del listón que permitió que entraran 645 postulantes; cifra enarbolada como una victoria notable cuando en realidad significa que, a pesar de la flexibilidad mostrada por la entidad patrocinante de las becas, solo aprobó un 17,95% de aspirantes. ¡Vaya triunfo!
La ministra buscó una manera positiva de explicar tamaño desastre diciendo que “En ambos exámenes (de matemáticas y castellano) se evaluaron dimensiones similares, por lo tanto se considera como una sola prueba con dos módulos”. Los estudiantes debían responder correctamente 24 preguntas, como mínimo, del total de 40 (20 de matemáticas y 20 de castellano). Es decir, se les exigía un 60% y no lo lograron. “Posiblemente –dijo la ministra– no todos los contenidos que están en el currículum se desarrollan en los colegios, lo cual tiene que ver con el gran reto de Paraguay: la calidad de la educación”. Pues bien alto se apunta a esa calidad con tales resultados a la vista ya que ante tamaño fracaso lo primero que se hace es buscar escapatorias para que aumenten los porcentajes de alumnos que se encuentran realmente preparados para ingresar a la universidad. Viendo las cosas con realismo, estos jóvenes no están capacitados ni siquiera para volver a cursar el bachillerato. Parece duro decirlo, ¿verdad? Es la realidad. Son carne de cañón y no se inmutan ni parece molestarles la tremenda mentira de que son víctimas.
Hago notar, pues me parece importante, que una vez más se recurre a la figura paternalista de que entre quienes aprobaron el examen figuran “dos indígenas”. ¿Me puede explicar alguien por qué se hace esta salvedad? ¿Son ellos diferentes a los otros? ¿Por qué tendría que llamar la atención que haya “dos” indígenas cuando tendría que haber decenas de ellos? Esta es expresión clara de la política discriminatoria que se tiene en nuestro país. En lugar de matarlos por acción o por omisión, en lugar de estar robándoles sus bosques sin que la justicia ni el Gobierno se inmuten, hace tiempo tendríamos que haberlos integrado de manera real y efectiva a nuestro mundo y no llamarnos la atención que “dos indígenas” recibieron una beca de Itaipú.
Frente a la entidad binacional se congregó un grupo de estudiantes con pancartas de protesta por los resultados. Una de ellas decía: “No pedimos ser planilleros. Pedimos oportunidades”. Pues sí, y también no. La oportunidad ya la tuvieron: cursaron tres años de ciclo básico y tres años de bachillerato. Por lo visto no los aprovecharon por motivos que no vienen al caso analizar. Y también no tuvieron esa oportunidad porque el sistema educativo les negó. ¿Qué hacer entonces? Pues que cada uno busque la manera de reclamar no la beca soñada, sino el nivel de educación necesario para poder ingresar en la universidad. Pueden decir que el momento para ello ha pasado. Es posible. Pero que recuérdese que cada vez que se descubre un hecho de corrupción, cada vez que un político se roba el dinero público, nos está robando directamente a todos nosotros y que todos estamos sentados sobre la misma rama. Tengamos cuidado entonces que no nos la corten.
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