El Mercado 4 es una caja de sorpresas, agradable para unos y desagradable para otros: los carretilleros te pueden llevar por delante, los carteristas podrían dejarte sin un guaraní o se puede comprar gato por liebre. Los que llevan piezas enteras de res sobre sus espaldas te pueden manchar la ropa nueva, o los zapatos se hunden en el barro.
Muchos paraguayos que viven en el exterior, en cada visita al país, obligadamente acuden al lugar para explorar sus senderos abiertos bajo las desordenadas techumbres de hules, sábanas dispuestas como parasoles y cajas apilonadas.
En medio de las coloridas hortalizas, víveres, enseres domésticos y ropa interior que se ofrecen a la voz de “¿qué busca marchante?”, “¿qué le vendemos?”, aparecen cosas curiosas que pensábamos extinguidas: las “sebodevelas” o velas de sebo, los cigarros liados a mano y encolados con engrudo, los enlozados, y cualquier otro producto puede aparecer como por arte de magia entre tanta mercadería.
Es evidente que hay ventas y progreso en el mercado, por eso hay tantos puestos hacinados. Por demás, las mercaderas no precisamente lucen demacradas, sino siempre están relucientes, con joyas y bien arregladas todo el día.
El Mercado 4 podría parecer un laberinto, pero pese a todo el desorden, si uno se maneja con cuidado, es mucho más seguro que meterse a cualquier barrio marginal de los alrededores del centro. Hay humanidad y ese es uno de sus mayores valores.
Es un lugar donde todo el mundo se gana el pan con el sudor de la frente. Casi nadie pide limosna, o al menos nadie te saca un centavo sin que te ofrezca una lechuga o unos dientes de ajo a cambio.
El sitio tiene su historia e identidad. Surgió en los años 20 y se consolidó hacia 1940 tras la demolición del Mercado Guazú de Asunción. Nació bajo dos frondosas plantas de yvapovó en un arenal de Dos Bocas donde confluían las carretas y burros que surcaban los caminos reales.
El colmenar humano fue creciendo sin ton ni son y cada jefe comunal que asumió trajo su proyecto de reordenamiento que al final no prosperó. Quizás el intendente Arnaldo Samaniego tenga razón en que existen roscas mafiosas que manejan el Mercado 4 desde hace 70 años. Pero también los hay del lado municipal y están empotrados en la administración, que siempre fue utilizada como una prenda de prebendarismo y politiquería.
La Municipalidad de Asunción prepara un ambicioso proyecto de reordenamiento y remodelación total. Es imperioso que lo implemente y debe comenzar precisamente por desterrar los vicios y la corrupción para concretar el nuevo rostro del populoso mercado que puede competir internacionalmente.