Las grandes improvisaciones

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SALAMANCA (Jesús Ruiz Nestosa). La improvisación es, sobre todo en la música y en la danza contemporánea, una de esas actividades que suele pasar casi desapercibida por parte de un público que no está especialmente sensibilizado a ella. Para recordar es suficiente mencionar las improvisaciones de compositores como Bach o Beethoven. Y ni qué decir, más recientemente, las improvisaciones inolvidables de Louis Armstrong y Miles Davis para mencionar nada más que dos. Aunque no tuvieron la suerte de pasar a la historia universal del arte como los artistas que acabo de mencionar, nosotros hemos tenido y seguimos teniendo grandes improvisadores. Quizá no sean tan grandes como Bach o Beethoven, pero estoy seguro que sus nombres están presentes en la memoria –y no digo afecto pues estoy seguro que no existe afecto– de la inmensa mayoría de los ciudadanos, sobre todo de aquellos que sintieron en la punta de las orejas el soplo inconfundible de la muerte.

Leo y veo a través de películas breves grabadas con los teléfonos, el impacto que han tenido las últimas lluvias torrenciales y superan en mucho el terror que nos despertaban las películas de Bela Lugosi o Vincent Price. No solo una buena parte de la población, por no decir la mayoría, se quedó sin servicio de agua ni de corriente eléctrica. Pero la medalla de oro es para el pánico que debieron experimentar los automovilistas que quedaron atrapados en el ya famoso superviaducto de Madame Lynch y Aviadores del Chaco inaugurado con bombos y platillos el pasado mes de marzo con un costo de 22 millones de dólares. No me pidan que lo traduzca a guaraníes porque no tengo tantos ceros en el teclado. Calculen nada más que un millón de dólares equivale a casi seis mil millones de guaraníes. Lo multiplican por veintidós y cuando se recuperen del desmayo seguimos hablando. En las películas que se encuentran en YouTube se puede ver cómo el agua, en verdaderas cataratas, cae del nivel superior sobre los coches que intentan seguir su camino. Ver para creer.

El ministro de Obras Públicas, ingeniero Ramón Jiménez Gaona, explicó que todo esto sucedió “porque llovió demasiado”. Es la misma excusa que dieron los responsables de las compañías de electricidad y agua corriente. Ante esta contundente respuesta me asalta una pregunta: ¿Es esta la primera vez que llueve en Asunción? Por las noticias que leo estas tormentas se vienen repitiendo todas las semanas. ¿No existe un registro de lluvias? ¿Nadie lleva contabilidad de los milímetros que caen cada mes? ¿Se sabe o no el volumen de las lluvias torrenciales y cuántas de ellas se registran por año? Me temo que no. Entonces, al encarar una obra pública de gran envergadura, como esta del superviaducto de Madame Lynch y Aviadores del Chaco, como no se tienen tales datos, se pasa a improvisar, que es el gran arte paraguayo, cuyos más importantes cultores son nuestras autoridades que pueden improvisar libremente, sin ningún tipo de limitaciones, ya que el dinero que están gastando “no es de nadie”, es el dinero del Estado. En pocas palabras, es nuestro dinero que como no tenemos herramientas para hacer los reclamos del caso, lo gastan graciosamente. Total, a la hora de dar explicaciones, ni se ponen rojos de vergüenza al decir: “Llovió demasiado”. Pero si hasta Noé fue advertido que se le venía encima el Diluvio Universal para que tomara sus precauciones y las tomó construyendo un arca gigantesca en la que pudiera salvarse él y todas las especies animales que había en la Tierra.

Nuestro Ministerio de Obras Públicas no lo sabía. Nadie le avisó que podían caer lluvias torrenciales y llamó a licitación sin tener en cuenta un elemento de fundamental importancia: las inclemencias meteorológicas. Lo mismo los de la ANDE, lo mismo los de la Essap. Total, quienes iban a sufrir las consecuencias serían “hombres, mujeres, niños; es decir, nadie”, como dice María Elena Walsh en su célebre “Canción de cuna para dormir a un gobernante”.

Hemos hecho de la improvisación nuestra más grande obra de arte. Todo es fruto de ella, y cuando sucedan los desastres esperaremos que venga el hada madrina con su varita mágica a solucionar el problema. Lo que quiere decir que no se solucionará nunca mientras seguimos dándole largas al asunto, haciéndonos los tontos cuando las papas queman, mirando hacia otro lado cuando es mejor ignorar algún tema, dejando en pañales lo mejor que dio nuestro continente a las artes: el realismo mágico que no tiene nada de magia sino es realidad pura y dura.

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jesus.ruiznestosa@gmail.com