A escala mundial la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 23%. A las mujeres se les paga el 77% de lo que se les paga a los hombres por el mismo trabajo. Según la OIT si se mantiene la tendencia actual tendrán que pasar 70 años para que las mujeres alcancen la paridad salarial con los hombres.
Hace más de cincuenta años, John Kennedy, Presidente de Estados Unidos, promulgó la ley de paridad laboral entre hombres y mujeres. Todavía son numerosos los países que no han conseguido promulgar una ley semejante. Entre esos países se encuentra Paraguay.
La injusta e injustificable desigualdad laboral en perjuicio de las mujeres se manifiesta en la desigualdad de oportunidades de empleo y en la remuneración salarial; además se manifiesta de manera sutil o evidentemente prepotente en la desigualdad de trato. Los hombres tienden a rodearse de hombres, aun cuando existan en la misma empresa privada o institución pública mujeres más competentes y especializadas para el cargo requerido. La consciente o inconsciente inseguridad del varón se protege con la compañía de otros varones. Frecuentemente los hombres con poder de decisión, cuando se encuentran con mujeres a quienes no dominan fácilmente, suelen justificar su decisión de prescindir de ellas con dos excusas tópicas: o que son mujeres demasiado sensibles o que son mujeres demasiado fuertes.
Curiosamente al varón en situaciones de discrepancia le molestan tanto las lágrimas como los argumentos firmes de la mujer. Y en el análisis de las relaciones laborales no entra normalmente la autocrítica del hombre que tiene el poder, la culpabilidad del real o imaginado conflicto y la descalificación recaerán en la mayoría de los casos sobre la mujer.
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El machismo es polifacético y de ser primariamente una expresión de inmadurez socioafectiva interpersonal, se proyecta en todas sus relaciones: en la intimidad del matrimonio, en la familia, en las comunidades educativas, en las relaciones sociales, en el ámbito laboral, en el escenario científico, en las profesiones y asociaciones, en clubes sociales, en política y, desde luego, por parte de los hombres violentos desequilibrados y criminales.
La ceguera del machismo impide ver lo que realmente aportan las mujeres en la vida y, a pesar del trato desigual, también en el mismo trabajo. Según el Informe del Desarrollo Humano 2015 de Naciones Unidas las mujeres solo ocupan el 25% de los puestos administrativos en las empresas, en el 32% de las empresas no ocupan ningún cargo directivo ni superior y en los Parlamentos o Congresos sólo representan el 22% de sus miembros, pese a que ellas realizan 3 de cada 4 horas de trabajo no pagado y contribuyen con el 52% en el trabajo mundial.
A la miopía machista le cuesta reconocer las competencias específicas características de la mujer que constituyen un potencial de liderazgo diferente al construido por los varones, complementario y extraordinariamente rentable en la producción, gestión y dirección. Su mayor sensibilidad y apertura de campo de conciencia, los movimientos de su hemisferio derecho del cerebro, el superdotado equipamiento afectivo, su percepción intuitiva, su sentido de fidelidad, su capacidad de transformarse en don hasta convertirse en alimento para los hijos, etc… configuran un perfil de persona absolutamente imprescindible para la vida y el trabajo.
Grave error: el machismo resta y divide en lugar de sumar y multiplicar.
jmonterotirado@gmail.com