Parece una coincidencia –creo que no lo es– en ambos casos el contrato es leoninamente favorable al empresario, y potencialmente nocivo a los intereses de la administración comunal, o mejor dicho, a los intereses del pueblo carmeño.
El “contrato” se manejó, o se “cocinó” entre cuatro paredes, y su presentación, como la gran panacea para el turismo carmeño, se hizo en Asunción, en la Senatur, con presencia del intendente reelecto, Germán Gneiting (ANR), en desconocimiento, hasta se podría decir, a espaldas, de los concejales que le acompañarán en su gestión los próximos cinco años.
El contrato es válido por siete años, pero recién al segundo año el empresario “gestor” estará obligado a abonar la suma de G. 3.500.000 “en concepto de canon por usufructo de las áreas turísticas objeto del presente contrato”. Parece una tomadura de pelo: ¿el contratista de la Municipalidad es “asesor” o es “usufructuario” de las playas?
Esto desnuda que el “contrato de “asesoramiento, promoción y gestión” no es sino un acto para el uso y abuso maquillado de estos recursos turísticos. Abuso, porque por dos años Afara Salomón no pagará un solo guaraní por la explotación de los más importantes recursos turísticos que tiene la ciudad. Así da gusto hacer negocios y es fácil ser “empresario exitoso”.
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Queda todavía, sin embargo, la esperanza de que los concejales entrantes revisen este “contrato de asesoramiento, promoción y gestión” y tiren por tierra un nuevo plan pergeñado para hacer buenos negocios privados con recursos públicos, una materia en la que tienen sobrada experiencia nuestra “clase política” y sus socios los “empresaurios”.
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