22 de Setiembre de 2017

 

Lo bueno y lo malo del discurso de Trump en la ONU

Por Andrés Oppenheimer

El presidente Trump merece un elogio por haber denunciado a los regímenes represivos de Venezuela y Cuba en su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, aunque su discurso en general haya sido música para los oídos de los dictadores de todo el mundo.

A diferencia del expresidente Obama, que no mencionó la palabra “Venezuela” en sus dos últimos discursos anuales a la Asamblea General de la ONU, Trump criticó las restricciones a las libertades básicas en los dos países latinoamericanos en su discurso ante la ONU el martes.

Sin repetir su desastroso error del 11 de agosto, cuando dijo que Estados Unidos estaba considerando una “opción militar” en Venezuela y causó que muchos países se alejaran de los esfuerzos diplomáticos estadounidenses para aislar al régimen venezolano, Trump dijo que seguirá aplicando “sanciones calibradas” al régimen de Venezuela.

Traducción: amenazó con escalar gradualmente las sanciones financieras a los miembros de la élite revolucionaria de Venezuela y a instituciones gubernamentales, y pidió a otros países que hicieran lo mismo.

“La dictadura socialista” del presidente venezolano Nicolás Maduro “es completamente inaceptable“, dijo Trump. Agregó que la meta de la comunidad internacional debería ser “recuperar la libertad, restaurar el país, regresar a la democracia”.

Sobre Cuba, Trump calificó al régimen cubano de “corrupto” y “desestabilizador”. Pero sus palabras fueron en gran medida simbólicas: no anunció el cierre de la embajada de Estados Unidos en La Habana, ni una reducción drástica de los vuelos y cruceros de Estados Unidos a la isla, ni nada de eso.

Para poner las cosas en contexto, el discurso de Trump confirmó que Cuba, Venezuela y el resto de América Latina son la última de las prioridades internacionales de Trump. Trump habló –en este orden– sobre la crisis con Corea del Norte, Irán, el terrorismo radical islámico radical, la “migración descontrolada” en todo el mundo, Sudán, Somalia, Yemen, Cuba y Venezuela.

Anteriormente, el Departamento de Estado nos había enviado a los periodistas un comunicado de prensa según el cual las “prioridades” de Trump en su primer discurso ante la ONU serían Corea del Norte, Irán y el terrorismo. El comunicado no mencionaba a Venezuela ni a Cuba.

De todos modos, las referencias de Trump a la falta de libertades fundamentales en Venezuela y Cuba fueron algo positivo. Considerando la falta de atención del gobierno de Trump a Latinoamérica –y, peor aún, la hostilidad de Trump hacia México y su visión obtusa sobre el comercio, la inmigración, el medio ambiente y otros temas que preocupan a la región– fue sorprendente el espacio que le dedicó a estos dos países.

Entonces, ¿por qué deberíamos estar preocupados por el discurso de Trump? Porque fue una flagrante contradicción: empezó señalando que la democracia y los derechos humanos ya no estarán entre los pilares de la política exterior de Estados Unidos, y terminó pidiendo la “libertad” en Venezuela.

La nueva “doctrina de Trump” le da la espalda a una larga tradición bipartidista de los presidentes de Estados Unidos de defender la democracia y los derechos humanos como principios fundamentales. Trump dijo que, a partir de ahora, la política exterior estadounidense se guiará por la soberanía, la seguridad y la fuerza militar.

Esta contradicción plantea preguntas inquietantes. ¿Significa que Trump se olvidará de los abusos de Venezuela y Cuba en el instante en que pueda llegar a un acuerdo con Rusia o China sobre prioridades de mayor rango, como Corea del Norte?

¿Envía una señal a otros aspirantes a dictadores en todo el mundo que Washington aceptará a los autócratas, siempre y cuando no molesten al tío Sam?

Estados Unidos ha tomado este camino antes, y fue contraproducente. El presidente Franklin D. Roosevelt dijo en 1939 que el dictador nicaragüense Anastasio Somoza “puede ser un h.d.p., pero es nuestro h.d.p”. El resultado del apoyo de Roosevelt a Somoza y su desdén por la democracia y los derechos humanos en Nicaragua llevó al surgimiento de guerrillas marxistas y a regímenes antiamericanos como el que está en el poder en ese país hoy.

Si la nueva “doctrina Trump” continúa desenfatizando la defensa de la democracia y los derechos humanos en todas partes, las declaraciones de Trump sobre Venezuela y Cuba solo pueden ser vistas como contradictorias, oportunistas y no tan importantes como debieran ser.

 
 

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