El plan no funcionará porque una compleja, difícil y dura realidad no se puede cambiar simplemente con una norma escrita en un papel. Es cierto que una buena idea puede cambiar el mundo, pero Platón, Jesucristo, Karl Marx y Mahatma Gandhi no abundan en estos días.
Tenemos muchos ejemplos de nuestro devenir histórico que testimonian la inutilidad de constituciones, leyes y ordenanzas cuando proponen cambios estructurales en una sociedad que se niega a aceptarlos.
La ley prohíbe el contrabando, y somos el mayor país exportador clandestino de cigarrillos. No se puede vender legalmente bebidas alcochólicas a menores, y diariamente vemos a niños enviados por sus padres a comprar cerveza en los almacenes. Todo paraguayo tiene derecho a un pedazo de tierra propia, y hay miles de campesinos que no poseen ni un metro cuadrado de nada. El Estado debe garantizar la educación básica de todos los niños, y 7 de cada 10 adolescentes jamás llegan al último año del bachillerato.
Podríamos continuar con los ejemplos en las más diversas esferas de nuestra realidad, pero sería llover sobre mojado, pues todos conocemos la sociedad en la que vivimos.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
A muchos ciudadanos les molestan los limpiavidrios, los damnificados por las crecientes del río, los campesinos que cierran rutas, los indígenas que acampan frente al INDI, los niños que piden limosnas en los semáforos, las niñas que se prostituyen en los lupanares, los pordioseros que buscan comida en los tachos de basura, etc.
¿A alguien le podría gustar estar en la piel de alguno de estos compatriotas? ¿Podría un ser humano ser tan idiota como para elegir una de las “profesiones” citadas? ¿Somos tan ciegos que no vemos que la cuestión no es lo que la gente quiere hacer, sino lo que las personas pueden hacer para conseguir un poco de comida o exigir sus derechos?
Al analizar esta compleja problemática, no podemos fijarnos solamente en lo que hacen los vendedores ambulantes, los cuidacoches, los migrantes, los desempleados, los niños de la calle, etc. Ellos son la consecuencia de un sistema social injusto, son los frutos visibles de una raíz llamada pobreza, son los desperdicios de un aparato productivo que los ha marginado y tirado a un costado.
Si limpiar vidrios de autos en la calle permite llevar algo de comida a un hogar pobre, ese oficio sobrevivirá a cualquier norma contraria.
El problema no es el jovenzuelo con su trapito y su balde de agua; el problema es la pobreza, es la miseria de millones de paraguayos. Si eliminamos la pobreza, los limpiavidrios desaparecerán. Entonces, enfrentemos la raíz del problema y no solo las ramas torcidas que crecen sobre el suelo.
ilde@abc.com.py