05 de Febrero de 2012
Los gurús
La justicia electoral se ha convertido en el único voto en disidencia en el proceso de aprobación del desbloqueo de las listas sábana. No solamente se opuso al proyecto sino salió a buscar apoyo a su oposición y la encontró nada menos que en el Partido Colorado, menos en el ala zacariista. Ahora que perdió con la aprobación por unanimidad en el Senado, plantea la inaplicabilidad de la ley de desbloqueo
a no ser que se le compren 7.000 notebooks.
Sucede que la clase política, la pesada no la de saldos y retazos está profundamente en contra de la ley y si la aprobó es porque no tuvo el coraje de enfrentar a la opinión pública, que viene reclamando cada vez con mayor fuerza la elección directa de sus representantes y no a través de los intermediarios, los partidos políticos.
Sin embargo, la verdad es que los "representantes del pueblo" no son siquiera los elegidos del partido. El partido lo que en realidad hace es presentar a sus afiliados listas de movimientos internos, cuyos líderes son los verdaderos electores. Cada uno de los colocados en la lista hace mérito trabajando en el partido, pero con absoluta lealtad al gurú guasu.
En cada partido hay un gurú guasu (nada que ver con los maestros espirituales hindúes) que decide quiénes entran en la lista y quiénes quedan afuera. Ese es el poder, ahí radica y reside la facultad del gurú, el de ejercer la representación real de los votantes del movimiento de su partido.
En otras palabras, él decide quiénes tienen méritos, títulos y aptitudes para ejercer el cargo en nombre de los demás, lo decide por miles de afiliados que creen que votan a su candidato cuando que en realidad el gurú guasu lo hace por él en nombre de su partido. En realidad, él decide y elige, aunque sus candidatos sean huérfanos totales de méritos, títulos y aptitudes, lo cual precisamente da sustento a las listas sábana. De lo contrario no tienen necesidad de ser sábanas las listas.
El problema real de la ciudadanía que reclama votar directamente a sus representantes y no ya a una lista de desconocidos, donde unos pocos son presentables y el resto impresentable, es una disputa entre su poder ciudadano y el poder hasta entonces indiscutible del gurú. Ahí está el secreto de la resistencia de la clase política al proyecto de ley de desbloqueo de listas sábana.
En eso también radica el valor de haber logrado esta pequeña victoria ciudadana, que a pesar de ser ínfima no representa un cambio sustancial es una bofetada al poder de los gurús. Es disputarle como ciudadanía esa facultad exclusiva y expropiarle un pedacito de ese territorio que lo proclama rey de las sábanas.
La justicia electoral lo único que hizo fue actuar de caja de resonancia de los gurús. Repetir lo que estos señores lo dicen en voz baja y no se animan a decir en voz alta, para no caer más antipáticos aún ante la opinión pública y recibir mayor repudio.
Ahora le corresponde a la justicia electoral realizar el trabajo sucio de entorpecer el proceso de facilitar la elección directa de los representantes del pueblo, y luchar indecorosamente por el statu quo, es decir para que en lo posible no cambie nada y que los gurús sigan como dueños de los poderes absolutos.
Aunque se realicen más adelante correcciones legales que faciliten un mejor trabajo del procedimiento electoral para el desbloqueo de las listas, es casi seguro que la justicia electoral se encargará de "demostrar" en las próximas elecciones la dificultad que presenta la ley para la organización de un buen acto electoral. Es decir, seguirán cumpliendo las instrucciones de sus amigos los gurús partidarios, dueños de las listas y de los rubros planilleros de esa institución.
Sucede que la clase política, la pesada no la de saldos y retazos está profundamente en contra de la ley y si la aprobó es porque no tuvo el coraje de enfrentar a la opinión pública, que viene reclamando cada vez con mayor fuerza la elección directa de sus representantes y no a través de los intermediarios, los partidos políticos.
Sin embargo, la verdad es que los "representantes del pueblo" no son siquiera los elegidos del partido. El partido lo que en realidad hace es presentar a sus afiliados listas de movimientos internos, cuyos líderes son los verdaderos electores. Cada uno de los colocados en la lista hace mérito trabajando en el partido, pero con absoluta lealtad al gurú guasu.
En cada partido hay un gurú guasu (nada que ver con los maestros espirituales hindúes) que decide quiénes entran en la lista y quiénes quedan afuera. Ese es el poder, ahí radica y reside la facultad del gurú, el de ejercer la representación real de los votantes del movimiento de su partido.
En otras palabras, él decide quiénes tienen méritos, títulos y aptitudes para ejercer el cargo en nombre de los demás, lo decide por miles de afiliados que creen que votan a su candidato cuando que en realidad el gurú guasu lo hace por él en nombre de su partido. En realidad, él decide y elige, aunque sus candidatos sean huérfanos totales de méritos, títulos y aptitudes, lo cual precisamente da sustento a las listas sábana. De lo contrario no tienen necesidad de ser sábanas las listas.
El problema real de la ciudadanía que reclama votar directamente a sus representantes y no ya a una lista de desconocidos, donde unos pocos son presentables y el resto impresentable, es una disputa entre su poder ciudadano y el poder hasta entonces indiscutible del gurú. Ahí está el secreto de la resistencia de la clase política al proyecto de ley de desbloqueo de listas sábana.
En eso también radica el valor de haber logrado esta pequeña victoria ciudadana, que a pesar de ser ínfima no representa un cambio sustancial es una bofetada al poder de los gurús. Es disputarle como ciudadanía esa facultad exclusiva y expropiarle un pedacito de ese territorio que lo proclama rey de las sábanas.
La justicia electoral lo único que hizo fue actuar de caja de resonancia de los gurús. Repetir lo que estos señores lo dicen en voz baja y no se animan a decir en voz alta, para no caer más antipáticos aún ante la opinión pública y recibir mayor repudio.
Ahora le corresponde a la justicia electoral realizar el trabajo sucio de entorpecer el proceso de facilitar la elección directa de los representantes del pueblo, y luchar indecorosamente por el statu quo, es decir para que en lo posible no cambie nada y que los gurús sigan como dueños de los poderes absolutos.
Aunque se realicen más adelante correcciones legales que faciliten un mejor trabajo del procedimiento electoral para el desbloqueo de las listas, es casi seguro que la justicia electoral se encargará de "demostrar" en las próximas elecciones la dificultad que presenta la ley para la organización de un buen acto electoral. Es decir, seguirán cumpliendo las instrucciones de sus amigos los gurús partidarios, dueños de las listas y de los rubros planilleros de esa institución.





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