Es costumbre criolla ubicar a una persona al frente de una institución estatal de acuerdo al accionar momentáneo que exhibe. Posteriormente es revisado su currículo para ver si llena los requisitos para ocupar el cargo. Por supuesto que una buena dosis de la política partidaria miserable debe ser altamente necesaria para que se concrete su nombramiento. Y así se contrata normalmente a cualquier anormal en este país. Se estima que el funcionario concuerde políticamente, por lo menos de boca para fuera haciendo hurras con pañuelo al cuello, y que no ocurra que estemos metiendo al enemigo en nuestro chiquero y realice un excelente trabajo para desprestigiar a su jefe, desacreditar a sus compañeros y menoscabar al partido político de turno.
¿Qué categoría de profesionales se forma en este país? La incapacidad, la mediocridad y la chambonada se enseñorean en un tendal de universidades privadas y nacionales sin vestigios de acreditación para que desde sus establos se regalen títulos.
Muchos parlamentarios extienden el brazo, no para pedir la palabra sino para dar el voto hacia alguna ponencia que debe canjearse después por el contenido de algún maletín. Y cualquier nombrado solo tiene el ganado título de un feroz improvisado para llenarse la mochila y poder soportar cualquier época de sequía que alguna vez se va a presentar. Muy poca gente con algún cargo público salió como entró, con una mano atrás y la otra para tratar de detener a algún bus que lo traslade a su lugar de trabajo.
Desde DD.TT. de fútbol a varios ministros son ubicados de manera improvisada y, sin tener la más pálida idea, hablan como si fueran especialistas de los temas que deben dominar y con eso las promesas de una buena gestión colisionan con la realidad. Desde el “les estamos pisando los talones” y “les traeremos del jopo a los del EPP” han pasado años y solo quedan “investigaciones” atropelladas y enriquecimientos vertiginosos que vuelan a costa de costosos e inservibles helicópteros.
Cómo es posible que la gente inexperta e improvisada, que tanto daño hizo al país, quiera regresar. Algunos expresidentes del país recién ahora hablan y saben del cómo dirigir una nación. Japoína los karaichokuéra.
Y el mal nunca viene solo –he’i la iju’áire osêva’ekue jati’i–, pues a la alta incapacidad de gestión y la baja profesionalidad que a muchos funcionarios les adornan, solo les mueve el cometido de llenarse con el dinero fácil hasta conseguir el empacho financiero. Hay familias enteras que le succionan al Estado y el ulceroso nepotismo solo causa llagas al pueblo paraguayo. Un miembro de la Corte podría explicarnos mejor. Y hablando de la panzada judicial, existen jueces y fiscales improvisados que en vez de llenar las expectativas solo se llenan de elaboradas coimas empalagosas.
Lo mismo ocurre con policías que entregan documentos identificadores a malandros que llegan y salen del país y hasta “registran” huellas dactilares de los que ni dedos tienen. En una región sanitaria un director simulaba serlo con solo tener el título de improvisado.
Los improvisados de la Senad confundieron un camión por una camioneta y una plantación de caña de azúcar como marihuana y aunque en la Argentina hayan tirado los dólares en bolsas, nos queda el consuelo de ser más tontos e improvisados...
caio.scavone@abc.com.py