Los Valentines del Paraguay

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Una conmovedora leyenda rescata que el sacerdote llamado Valentín no cumplió las órdenes del emperador romano Claudio II y comenzó a realizar casamientos entre los jóvenes romanos. Esta disposición casamentera que tenía Valentín provocó su apresamiento, su martirio y posterior ejecución en un día como hoy. Murió decapitado el 14 de febrero del año 270.

El entonces emperador había prohibido que los jóvenes romanos contrajesen matrimonio, ya que decía que los solteros y los sin familia se convertían en excelentes soldados. Valentín atribuía una injusticia el actuar del emperador y siguió celebrando casamientos entre los jóvenes enamorados. Claudio II ordenó su encarcelamiento y Valentín quedó a cargo de un oficial del ejército romano llamado Asterius, cuya hija había nacido ciega. Asterius pidió a Valentín que le devuelva la visión a su hija Julia y así ocurrió. Este hecho valió para que fuera declarado santo, pero no le salvó de la muerte ordenada por Claudio II. Julia plantó un almendro que rápidamente brotó en la tumba de Valentín, por lo que se le considera al almendro y a sus flores rosadas como el símbolo del amor y la amistad. La leyenda también rescata que Valentín se había enamorado de Julia durante su encarcelamiento y le dejó una carta que sirvió después para dar pie a las llamadas cartas de amor.

El papa Gelasio en el año 496 decretó a cada 14 de febrero como día de honrar a San Valentín y este se convirtió en una especie de dueño y señor de los enamorados y desde el año 1969 la fecha fue borrada del calendario ritual católico. Pero por la necesidad de enamorarse que tiene la gente y la necesidad de pasión y seducir que tienen los negocios para vender, la fecha nunca pasó al archívese y olvídese.

En un día como hoy vale recordar el galanteo existente entre los políticos partidarios de este Paraguay. Existen los auténticos flechazos con los que se tiran entre los partidarios de un mismo color. Están dos expresidentes que se muestran requeteapasionados por el rekutu y otro que, en principio no cotejaba con la continuidad quedó encariñado con seguir en el cargo, con la adoración que le tiene al poder que ostenta y se derrite por derretir los elementales preámbulos de la Constitución Nacional.

El matrimonio contraído por las autoridades paraguayas con la corrupción ya es congénito desde hace bastante tiempo y, es probable, que solamente un Claudio II podría decapitar esta vergonzosa alianza. La gastada enmienda constitucional que tienen algunos sectores partidarios cuenta también con el sello de San Valentín por la excitada manera de recolectar firmas de matrimonios y parejas que ya no están entre nosotros.

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El casamiento existente entre lo que se dice y lo que se hace tiene igualmente una unión sellada. También se perfila otra relación nupcial entre la obligada cadena nacional de radioemisoras y la voz que solo buscaba y conseguía la división de la familia paraguaya.

La ceremonia conyugal ocurrida entre los municipios y el Fonacide solo tiene el mero propósito de engendrar intendentes facinerosos y zoquetes para delinquir. La misma boda sigue entre los royalties de Itaipú y las gobernaciones en donde la plata dulce corre como las aguas del Paraná.

La mediocridad con la educación conviven enamorados y en un maridaje de años, pero las relaciones se muestran cada vez más esquivas entre el no aprobar las pruebas elementales para enseñar y una mejor remuneración que piden los educadores.

La falta de salud y la de medicamentos se encuentran íntimamente relacionadas y pintan como si San Valentín les haya unido para siempre y hasta que la muerte los separe...

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