Maduro y Cartes no son tan distintos

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Si está a favor de la reelección presidencial “contra viento y marea”, no pierda su tiempo y deje de leer este comentario.

Puede que ideológicamente el presidente paraguayo Horacio Cartes y el mandatario venezolano Nicolás Maduro sean distintos. El primero va a la derecha y el segundo a la izquierda, pero en el fondo son lo mismo: ambos no respetan la Constitución de sus respectivos países y pretenden mantenerse en el poder a toda costa, o a todo costo.

Maduro administra el país caribeño con manos de hierro y ha suprimido el ejercicio de dos de las libertades que todo ciudadano, de cualquier parte del mundo tiene derecho: acceso a la información y a elegir libremente a sus autoridades en el marco de lo establecido en la Carta Magna.

Sobre el primer punto, en Venezuela todo medio de comunicación que atine a criticar al régimen chavista está condenado a desaparecer. Muchos de ellos, siete en los últimos tres años ya no existen y algunos que decidieron no callar las mentiras de Maduro han migrado a la versión digital.

Como presión y clara señal de autoritarismo, el Gobierno a través de una “oficina” es la única corporación “legal” para importar papel, cuya entrega a los directivos de los periódicos se da según el antojo del chavismo empotrado en el ejecutivo venezolano desde la llega al poder del ahora fallecido presidente Hugo Chávez y su gran descubriento: el “socialismo del siglo XXI”.

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“No hay garantías de la fluidez en el despacho de las bobinas”, denunciaban esta semana periodistas de El Nacional, el diario más crítico a la dictadura venezolana.

Si bien en Paraguay no hemos llegado aún a esos niveles claros de censura previa, estamos camino a eso. La adquisición de las corporaciones de comunicación existentes en nuestro país por parte del grupo empresarial liderado por Sarah Cartes, la hermana del presidente, da la pauta de que la administración actual más temprano que tarde se está convirtiendo en un “Gobierno de propaganda”, que solo quieren que conozca lo que a ellos les interesa y beneficia en pos de la reelección; y quienes han leído a Joseph Goebbels –ministro político y de propaganda de Adolf Hitler– sabrán exactamente el porqué.

Con respecto al segundo punto, el de elegir libremente a las autoridades tampoco es tan distinto. A como de lugar, los políticos pro reelección pretenden imponer a la ciudadanía (práctica común del autoritarismo) una candidatura pisoteando la Carta Magna, mbaretépe.

En contrapartida, viene a la memoria el discurso que el presidente saliente de Estados Unidos, Barack Obama, dio en la India. En sus palabras “cuando un líder trata de cambiar las reglas en el medio del juego solo para quedarse en el cargo, se arriesga a inestabilidad y conflictos (...) y esto es solo un primer paso a un camino peligroso”.

En su reciente despedida en Chicago, un par de veces, el mandatario fue interrumpido con el grito de “4 años más”, pero él como todo gran líder mostró un respeto irrestricto a la Constitución y respondió: “Yo no puedo hacer eso”.

viviana@abc.com.py