Marina, un testimonio de vida y un legado imperecedero

Este artículo tiene 12 años de antigüedad

A medida que se acerca la hora de la verdad se va acrecentando la semblanza ética de Marina, al inaugurar en el Brasil una nueva forma de hacer política, ofrendando un mensaje de esperanza para quienes desean ver un país despojado de las lacras del peculado, el soborno y la corrupción. Un mensaje de honestidad, solidaridad, amor, fe y de inclaudicable voluntad de servir a la patria ha sido plasmado en la actitud de la candidata ecologista y ha corrido como reguero de pólvora por todos los estamentos sociales de ese inmenso país, proyectándose más allá de sus fronteras.

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Marina es la encarnación de la lealtad hacia una causa noble, la abanderada de una cruzada espiritual y social que tiene como portaestandarte el principio invalorable de la libertad, la transparencia y la fidelidad a sus principios que no son otros que aquellos esbozados por el Nazareno, en el Sermón del Monte.

Si la Providencia quiere cerrarle el camino de la presidencia, de seguro que su testimonio y su legado espiritual no morirán. La elocuencia encendida de su verbo y su palabra fue forjada en el duro yunque de la miseria y la marginalidad, en milagros y heroísmos sin par, dentro del contexto de una fascinante historia que está siendo analizada por todos los grandes observadores de la política doméstica e internacional.

Por esa vía dolorosa, de un largo e interminable calvario, con sus respectivas caídas, Marina supo llegar al corazón y al alma de los brasileños, dando permanentemente gracias a Dios por brindarle la oportunidad de poder contribuir con un granito de arena para mejorar la suerte de muchos marginados.

Con su único recurso a disposición, su “Red sustentable”, ella ha podido comunicarse y dialogar con miles de personas que necesitan un sustento y apoyo espiritual, no solamente dentro de la política sino también en la esfera de la propia intimidad, porque para Marina la política es un medio para educar y enseñar con el testimonio y el ejemplo, y es por ello que no comulga con quienes se hacen llamar “los profesionales del bien común” y que son más bien amantes compulsivos del poder y adoradores del vil metal, compañeros de ruta de la intriga y de la falsedad maquiavélica.

Es por ello que los desheredados, los marginados, los rezagados en el festín hedonista de la vida y las anónimas existencias que están fuera de las estadísticas y que no tienen partido político le han otorgado su apoyo incondicional. Marina está exenta de toda ligazón con algo estructurado, esquematizado, diagramado, configurado o establecido con antelación. No debe nada a nadie porque no depende del voto anticipado del elector duro, que sin pensar ni meditar consagra sus servicios a un ritual partidario.

Sin embargo, los Goliats y los Leviatanes le quisieron encontrar el talón de Aquiles para allí asestarle el golpe mortal, echando mano a uno de los recursos más deleznables, aborrecibles y repudiables: el de la vil intriga política.

En efecto, hace varios días corrió como reguero de pólvora un suelto publicitario en que se veía a Marina sonriente y complacida, rodeada de exitosos empresarios de cuello duro, camisas almidonadas y relucientes gemelos en los puños y, simultáneamente, la triste y lastimera imagen de una familia indigente mirando aterrorizada el plato vacío de comida a la hora del almuerzo.

Apelar al miedo y al terror por la subsistencia es el recurso más infame y rastrero que se puede concebir y desnuda a la luz del día el clamor y grito desesperado de un espíritu retorcido y envilecido por la ambición desmedida de poder y el indisimulable terror de perder los espurios privilegios y las rapiñeras canonjías.

Por otra parte, aguijonear al instinto de supervivencia con el siniestro flagelo del hambre, es exaltar los antivalores de la servidumbre y la esclavitud del voto cautivo que no elige sino que solamente pone en la urna sus miserables huellas digitales para obtener a cambio un plato de alimento frugal. Vuelve a tener contundente vigencia la consabida historia bíblica, tan tristemente relatada, de la venta de una primogenitura sagrada por un mísero plato de lentejas.

Con esta maquiavélica publicidad, el partido oficialista quiere aparecer como el heraldo impoluto de la justicia social, como el abanderado de las reivindicaciones proletarias enarbolando mentiras y falsedades, ladinamente elaboradas en la dimensión del reino de las tinieblas y de las falsedades.

Marina guardó silencio cristiano ante estas tropelías y desafueros que se exhiben como verdades consumadas, cuando no son más que vituperios escarnecedores. Contra viento y marea, Marina siguen ofreciendo humildemente un testimonio de vida y un legado imperecedero a las generaciones futuras, más allá del utilitarismo de la política y del resultado del cinco y del veintiséis de octubre próximos.