Marzo de mujeres

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Este 2017 es un año de mucho movimiento, especialmente de participación ciudadana. El pasado miércoles 8 de marzo, las mujeres salieron a las calles para reclamar diversos temas. Estudiantes, maestras, obreras, campesinas, profesionales, líderes sociales y ciudadanas comunes, partieron de la Plaza Uruguaya hasta la Plaza de la Democracia, para hacer escuchar sus voces, aprovechando el Día Internacional de la Mujer. La convocatoria tuvo un éxito extraordinario, por lo que pensamos en un antes y en un después del 8 de marzo.

Los puntos más preocupantes fueron el feminicidio, el abuso sexual a niñas, los acosos a alumnas de parte de profesores, la falta de salud, trabajo y educación. También se refirieron a la postergación de la mujer, en lo laboral y la inequidad, en cuestión de sueldos.

Fue un acontecimiento inolvidable, que recibió el aplauso de políticos, ministros, comunicadores y toda la sociedad. Se nota que hay una verdadera preocupación por los problemas sociales y un auténtico interés por encontrar soluciones. Para ello, todos debemos trabajar y exigir políticas públicas eficaces de parte del Gobierno.

Recientemente se promulgó la Ley de Protección Integral a la mujer contra todo tipo de violencia, que todavía falta implementar. A pesar de la existencia de esta normativa, los casos de feminicidio se registran cada 6 días en el Paraguay, según las estadísticas. Los abusos sexuales no paran y ni qué decir la inseguridad que sufrimos en las calles. No todas las jóvenes pueden ingresar en las universidades ni conseguir un empleo digno. En los más altos cargos públicos, hay pocas mujeres, que son privilegiadas por poder acceder a esos puestos.

El papa Francisco dijo que somos las más heroicas de América Latina y que merecemos el Nobel de la Paz. Son hermosas palabras que nos llenan de alegría y orgullo. Pero no tenemos que quedarnos con los brazos cruzados, porque los acuciantes dramas de hoy requieren nuestra participación.

Las mujeres somos seres sublimes, que vinimos al mundo no solo para dar vidas, sino para educar. Nos toca la gran tarea de ser las transmisoras de los valores éticos, morales y cristianos a los hijos. Y para ello tenemos que ser ejemplos de sabiduría y santidad. No podemos dejar que nos usen como objetos sexuales de consumo que después se descartan. Recuperar la autoestima es importante para considerarnos valiosas. Tenemos que estudiar y trabajar al igual que los varones y ganar nuestro espacio con idoneidad y méritos propios. Con fortaleza moral, defender a los hijos y a las hijas, de las drogas, el sexo irresponsable, el alcohol, los acosos y abusos de todo tipo. De nosotras depende salvar la sagrada familia y dar a la sociedad, hijos sanos y provechosos. No es una tarea fácil, pero si lo conseguimos, nos convertimos en heroínas y como dice el Santo Padre, somos gloriosas.

blila.gayoso@hotmail.com