Más allá de 2018

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Durante la dictadura stronista (1954-1989) el poder del régimen se fundamentó en la conocida trilogía Gobierno-Partido Colorado-Fuerzas Armadas. Durante la década del 90, tras la decadencia del oviedismo, el estamento militar perdió todo peso como actor político en nuestro país. A su vez, con la gestión del actual presidente, Horacio Cartes, la influencia del Partido Colorado en las decisiones políticas es inexistente.

Conclusión: pasamos de una división en tres partes a la concentración en uno solo. El Poder Ejecutivo y su pequeño entorno son quienes tienen ahora el poder real en las manos.

El menosprecio del actual Jefe de Estado hacia los políticos profesionales y tradicionales, especialmente de su partido, se hizo evidente desde el inicio de su mandato. Los excluyó expresamente de su Gabinete, integrando a técnicos y gerentes de sus empresas. Después los fue arrinconando, restándoles espacios de poder y de maniobra hasta llegar a la situación actual en que la gran mayoría de los dirigentes políticos son completamente dependientes de su voluntad y de sus decisiones.

Cartes se ha dado el lujo de poner como presidente del Partido Colorado a alguien que, evidentemente, no tiene el peso político, la experiencia ni el arrastre que se esperaría de un líder partidario. Como para dejar bien en claro que está en ese cargo porque a él se le antojó.

Para completar la obra, ningún colorado disidente forma parte de la nueva Junta de Gobierno de la otrora poderosa Asociación Nacional Republicana. Inclusive, fueron vetados para integrar el organismo de conducción partidaria varios dirigentes cuya fidelidad estaba en duda. De esa manera el cartismo tiene asegurada una hegemonía de casi 5 años en la Junta.

Al Presidente de la República, dicen, no le ha costado mucho tener este manejo en el partido y en el Congreso. Le bastó con repartir dinero, más o menos generosamente. Un argumento que ha resultado irresistible para muchos viejos y nuevos dirigentes.

Uno que ventiló esa situación fue el actual presidente del Senado, Mario Abdo Benítez, durante la campaña interna por la presidencia del partido, en 2015. Afirmó que el respaldo de los diputados le costaba a Cartes G. 30 millones per cápita, por mes.

Más allá de versiones difíciles de probar, pero que no suenan para nada descabelladas, lo real es que el presidente Cartes, posiblemente, dejará una huella perdurable en el partido y en el país. Aún si no consigue una hipotética reelección o inclusive si no logra imponer un candidato para el próximo periodo presidencial.

Mientras todos se entretienen con ciertos episodios payasescos del Mandatario, como el video del “saludo a las mamis” con una presunta “miss Santa Rita”, el entorno cartista prepara lo que vendrá.

Posiblemente, Cartes no volverá a candidatarse. Las encuestas que, a esta altura, le dan más del 70% de rechazo ciudadano son difíciles de revertir. Pero cualquiera sea el que tome el mando en 2018, quedarán leyes, como el de la Alianza Público Privada y las modificaciones a la ley de Defensa Nacional. Quedarán estructuras en las instituciones nacionales y en el partido, además de personas fieles (o fidelizadas a platazo limpio) al actual Presidente, en algunos puestos claves.

Es posible que Cartes haya cometido y siga cometiendo errores en su gestión. Pero el ejercicio del poder que está teniendo le servirá para que su sombra y su influencia continúen después. A no ser que algunos sectores despierten y pasen algunas cosas en el camino.

mcaceres@abc.com.py