Por la entrevista que hice hace unos días sobre un método de fertilidad, recibí muchos e mails de mujeres que me pedían el contacto con la doctora, y al dárselo me agradecían como si hubieran recibido un ramo de flores. Tal como lo dijo la doctora entrevistada, “la infertilidad hoy es una pandemia”, y muchísimas mujeres sufren por no poder concebir. Algunas nunca superan el no haber dado a luz o el haber abortado. Este es, sin dudas, un campo muy sensible, porque se entra a tocar lo más profundo del ser femenino.
Benditamente, la maternidad está presente de manera natural, es una condición que traemos al nacer y que se enriquece o se empobrece con el ambiente familiar que vivimos y cuán capaces somos de entender y procesar lo que sentimos y pensamos. Cuando no hay hijos propios, hay sobrinos de la misma sangre o hay niños que perdieron a sus madres. Siempre hay niños, incluso hay personas desvalidas que ocupan ese lugar.
Aunque padre y madre tienen roles importantes, el poder del amor de mamá es enorme y será el que marcará sustancialmente el desarrollo sentimental en los hijos. “Cuando mamá está en casa, la guerra no parece tan grande”, decía el niño Chava en la película Voces Inocentes (guerra civil en El Salvador).
No es para menos, el vientre materno es nuestro primer hogar, en él habitamos hasta que nacemos y llegamos al mundo.
En el presente no hay maternidad excluida, se mantienen las enseñanzas de las de antes, se promueven las contemporáneas y se forjan las de mañana. Ninguna vale más que la otra si conserva el compromiso de educar a sus hijos para ser dichosos. Ciertamente, las mamás cambiaron su forma de estar en el hogar, hay psicólogos que dicen que vale más la calidad que la cantidad de tiempo con los niños y otros que afirman que deben existir paralelamente ambas cosas. En nuestra cultura todavía tenemos la suerte de que ninguna madre está completamente sola; si está separada, soltera o fue abandonada, comparte la crianza con su mamá; de nuevo, la madre (la abuela) como refugio y sostén. La vida familiar ha tenido cambios que todavía no acomodamos idealmente y nos queda arduo trabajo hasta conseguir cierto equilibrio. Y, por supuesto, muchos temas espinosos también en torno a la maternidad para reflexionar.
Debemos pensar en Día de las Madres, en plural, por las muchas que miran siempre a los hijos. “Yo te miro, yo te miro, sin cansarme de mirar, y qué lindo niño veo a tus ojos asomar…” (Caricia, de G. Mistral).
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