Debería estar contento. Lo del Mercosur, que lo integran tan solo cinco países, incluida Venezuela (por ahora), era por seis meses, mientras que lo de del Mnoal, formado por 120 países, es por todo un año (¿Durará un año Maduro? ¿No dicen que hay un referéndum revocatorio?).
Ciento veinte contra cinco. Los números cantan. Sin embargo en este caso, quizás las matemáticas no sean tan exactas.
Puede que esté contento o no, entonces.
¿Quién se acuerda del Mnoal? A los no alineados, que en otras épocas con Nerhu, Nasser, el Mariscal Tito y Sukarno se hacían oír en el mundo entero, hoy se les hace difícil conseguir algún titular. A su reunión Cumbre realizada días pasados en la Isla Margarita, de 120 presidentes y jefes de Estado que se invitaron concurrieron tan solo quince, como lo han señalado algunos opositores venezolanos para así resaltar la poca importancia del evento y la pérdida de convocatoria de la organización.
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El Mnoal, no obstante, resolvió impulsar una reorganización de las Naciones Unidas. ¿Nada menos? El hecho es que a nadie le importa.
Se trata de organizaciones moribundas, burocracias sin enterrar, a las que ya hace mucho que se le pasó la hora, y que perviven por el instinto de conservación de los propios burócratas que para ello, y solo para ello, muestran una eficiencia sin parangón.
El Mercosur integra –cómodamente– esa lista de moribundos. Ha servido de muy poco. Sobre todo para los dos países más pequeños: Paraguay y Uruguay. Por momentos, cuando ha habido sintonía entre sus inventores de hace 25 años, a Argentina y Brasil (Raúl Alfonsín y el eterno José Sarney) les ha sido útil para su estrategia. Por supuesto Brasil ha sido el que más jugo le ha sacado, como siempre pasa por la región.
Esa “sintonía” que se manifestó fuertemente en clave ideológica en los últimos 10 o 15 años incidió en el Mercosur, desvirtuándolo totalmente en cuanto a sus fines originales. La suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela, en forma grosera y prepotente, violando todas las normas, fue manifestación elocuente y efecto directo de esa “sintonía ideológica”. “Lo político primó sobre lo jurídico”, explicó en su momento el presidente uruguayo José Mujica, parte de esa triple alianza con Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner.
Pero esa “afinidad” se ha ido resquebrajando y se ha hecho pedazos con la destitución de Dilma. Solo queda Uruguay, que ha cumplido un triste y lamentable papel en cada instancia. Paraguay, en tanto, se regocija con una justa revancha que apunta al blanco correcto y pide la expulsión de Venezuela por no cumplir con los protocolos de la institución, en particular con el de Ushuaia, que exige a sus miembros el apego democrático, de lo que el régimen chavista se viene “despegando” desde hace mucho.
La semana pasada, Venezuela casi fue expulsada del Mercosur. No ocurrió así, pero se le dio un plazo hasta diciembre para cumplir una serie de obligaciones pendientes –entre ellas la de Ushuaia–, lo que le será muy difícil de concretar.
En realidad, la decisión tuvo un objetivo paralelo que fue el de presionar a Nicolás Maduro para que no ocurra nada “raro” con el “referéndum revocatorio”.
Las cosas, aunque no se digan, están muy claras: si el referéndum no se hace este año, Venezuela será expulsada del Mercosur, y tras ello vendrá la OEA (Luis Almagro, el secretario general ya tiene afilados los cuchillos). De poco le servirá a Maduro ser presidente del Mnoal.
Ahora, si el referéndum se hace, y se cumple con la constitución y las normas, Maduro será “revocado”, seguramente.
Difícil que ocurra otra cosa: Maduro también está moribundo, pero en su caso, sin muchas chances de pervivir.
daf@adinet.com.uy