Música y molestia

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Una chica posteó en Facebook lo enojada que estaba por la música que debió soportar en un supermercado. Al instante, su post desencadenó una serie de chistes y comentarios. En Paraguay estamos mal acostumbrados a que cualquier empresa se alce con nuestro dinero sin pensar detenidamente en el impacto negativo que provoca en la comunidad.

El neuromarketing es la disciplina encargada de investigar y estudiar los procesos cerebrales que hacen a la conducta del consumidor. Siguiendo sus pautas, cambian los productos de lugar, introducen promotoras, colocan pantallas. Hay estrategias sobre los 5 sentidos. Y hay música, he aquí nuestro punto. No son pocas las quejas que algunas personas hemos hecho, de palabra o por escrito respecto a este tema, recibiendo respuestas tan alentadoras por parte del personal como: “Nuestra jefa es la que pone la música”, “es la radio del dueño”, “tenés razón, ahora le voy a decir”, y lo peor: ninguna respuesta, encogimiento de hombros, alguna sorprendida mirada y, de coletazo, un comentario agresivo hecho apenas dio la espalda el cliente. Si medimos nuestra incomodidad y la de los empleados, ellos salen perdiendo lejos, porque deben aguantar ese ruido infernal, a fin de mantener su puesto laboral. Parece que en Paraguay hay empresas que no están bien asesoradas en cuanto al estilo de música y volumen adecuados. Algunas personas comentan que esto no ocurre en todos los supermercados, pero serán raras excepciones.

El consumismo busca crear un ser joven y manipulable (independientemente de la edad biológica), inmaduro, despilfarrador e irreflexivo. La actual idolatría a la juventud y los cansinos derechos a esto y aquello hacen de la música joven un instrumento mal utilizado, y así un atropello a la armonía social. Que a la clientela no le guste (y en ella se incluyen los mismos jóvenes) figura en segundo plano, y toda queja no sería más que un incidente menor, una incapacidad de adaptación al sistema.

El trabajo del consumismo sobre el público es tan interesante como preocupante. Está comprobado que la música tiene efectos: a) biológicos, es decir que actúa sobre nuestro organismo positiva y negativamente según el tipo de música; b) fisiológicos: el ritmo cardíaco y pulso. “Los latidos del corazón están particularmente sintonizados con el sonido y la música. El ritmo cardíaco reacciona a variables musicales como la frecuencia, tempo y volumen, y tiende a acelerarse o a hacerse más lento para ir al compás de la velocidad de la música” (Campbell 1998); también afecta a la respiración y a las respuestas musculares y motoras, y c) efectos psicológicos: enerva o serena, además de muchas otras alteraciones sobre nosotros.

Creo que sin ser jefes ni gurús del marketing sabemos qué música se pone en un ambiente cerrado con variedad de personas, principalmente en horario pico o víspera de feriado. Revisen su estrategia, basta de enlatados, controlen el volumen, no es una discoteca ni uno va de paseo. La gente se altera, pero la provocación a través del ruido no se toma como un problema.

Apreciados lectores, todo aquello que parece no tener importancia es lo que hace a nuestra calidad de vida. La contaminación auditiva aumenta alarmantemente. Nosotros debemos exigir respeto y las autoridades encargadas deben sugerir a los gerentes de supermercado, so pena de multa y cárcel, poner música que no nos dañe. De sus ganancias, los supermercados tienen que invertir en mantener un espacio tranquilo y acorde a su objetivo. En resumen, música ambiental, esa que nadie escucha pero que a todos nos gusta.

lperalta@abc.com.py