Peña es un ejemplar de ñakyrã pire muy interesante para poner a prueba la máxima argañista.
Sería impensable, en otros tiempos históricos y políticos, que el Partido Colorado tuviese un candidato como él. Posiblemente, Bernardino Caballero, Juan E. O’Leary, Natalicio González, Federico Chaves y otros próceres republicanos se estén revolviendo en sus respectivas tumbas.
Para empezar, Peña es liberal. No es lo que uno diría un caudillo, y tampoco un líder. No obtuvo la candidatura por su inexistente carrera política ni por su discurso cautivante ni por su carisma. Fue más que nada fruto de la ocurrencia de su mentor. Casi se diría que el candidato colorado en 2018, en realidad, es Cartes y que Peña es... un ñakyrã pire.
El primer ñakyrã pire del post stronismo fue Wasmosy, impuesto por Andrés Rodríguez y Lino Oviedo. Lo declararon ganador con un fraude escandaloso. El antecedente abre la especulación que lo mismo puede hacer el actual poder político con Peña si pierde.
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Guardando las distancias, Cartes es a Peña lo que Lino Oviedo era a Wasmosy. La historia cuenta que Wasmosy, cansado de imposiciones, órdenes y amenazas durante su gobierno, terminó por rebelarse contra su creador. ¿Se animaría Peña a hacer lo mismo en caso de verse agobiado por una coyuntura similar?
El manejo “patronesco” del Mandatario da la impresión de que considera al exministro una suerte de gerente, como los que tiene en sus empresas, a quien “pone” para administrar el país.
¿Qué pasará si Peña no hace lo que él espera que haga o si –Dios nos guarde– lo contradice? ¿Lo despedirá vía juicio político?
¿O Peña, como Wasmosy, tejerá las alianzas políticas adecuadas para despegarse de su creador?
Decía Karl Marx que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa. De ser eso cierto, al menos nos queda el consuelo de que esta segunda vez será la ocasión de reír y dejar atrás una parte de nuestro funesto pasado.
mcaceres@abc.com.py