Natividad

Este artículo tiene 8 años de antigüedad

Fue un día de febrero que se cansó de los golpes que estaba recibiendo y decidió pedir ayuda a la policía. 

Tomó coraje y fue hasta la subcomisaría para denunciar formalmente a su marido, quien con cada ataque de celos la sometía a una golpiza para mostrarle quién mandaba en la casa. 

La pareja vivía sola porque sus dos hijos trabajaban en la capital. Era alguna vecina quien a veces le servía como paño de lágrimas, mientras que el resto de los vecinos escuchaba como el aletargado silencio del barrio se rompía de tanto en tanto con las discusiones, golpes, gritos y lamentos que derivaban de cada agresión. 

En la subcomisaría tomaron su denuncia y se la remitieron a una fiscal, quien a su vez la llamó a declarar. 

Algo pasó. A la fiscal ya le dijo que no fueron golpes tan fuertes, que no sufrió lesiones graves, que fueron solo algunos empujones sin tanta importancia y que se iba a reconciliar con su marido. 

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

La fiscal se dio por satisfecha con el trámite, al fin y al cabo era un expediente menos al que darle un seguimiento. 

Así, denunciante y denunciado volvieron a convivir. Hasta el jueves pasado. 

La mañana de ese día la vecina se encontró con la escena. Ella estaba degollada en el dormitorio. Él se había colgado en la pieza de enfrente de la casa culata jovái en la que vivían en la colonia Presidente Franco de San José de los Arroyos en Caaguazú. 

La policía encontró un machetillo ensangrentado como arma y el forense diagnosticó que el homicidio y posterior suicidio se produjeron cerca de las dos de la madrugada. 

Ella se llamaba Natividad González y tenía 55 años. Padecía además de hipertensión y, según la policía, depresión por los golpes que venía sufriendo. Este último dato fue aportado por los vecinos luego de que se consumara el crimen. 

La misma fiscal que le había tomado declaración por violencia intrafamiliar en febrero es quien fue a levantar su cadáver en el último día de noviembre. 

Fueron nueve meses los que duró el parto de un nuevo feminicidio. 

Entrevistamos a la fiscal Lourdes Soto en la 730AM ese día. La funcionaria reconoció no haberle dado un seguimiento al caso porque le pareció suficiente que la denunciante, y potencial víctima, desistiera de su denuncia. 

Alegó que le pareció conveniente no procesar al hombre “porque o si no vamos a llenar las cárceles, ese es el pan de cada día”. 

Le insistimos en que muchas de las víctimas desisten de sus denuncias por temor, presiones familiares y sociales, o porque se mezclan los sentimientos, pero que este es un delito de acción penal pública y no puede dejarse de lado tan ligeramente. 

Como respuesta solo obtuvimos un “y bueno, y así estamos”. 

Aquí es cuando recordamos que para juzgar este tipo de actuaciones existe un Jurado de Magistrados. Pero recordamos también que existen Raulitos que ofrecen soluciones en ese mismo jurado dependiendo de cuán chinchudito esté el jefe. 

Y también recordamos que existen colegas senadores que le tiran un apropiado salvavidas a ese jefe. 

Por eso es que la política importa. Siempre.

guille@abc.com.py