Si bien las encuestas, que el mismo equipo del Ejecutivo encargó semanas atrás, le dan un cómodo tercer puesto al mandatario, confían en que jugadas puntuales y un buen golpe de efecto en los próximos meses (como una gran obra de infraestructura o un anuncio rimbombante) pueden dar un vuelco a las preferencias del electorado.
Horacio Cartes no consigue hasta ahora “sintonizar” con la ciudadanía, pero (detalle no menor) tiene buena acogida entre grupos de poder fáctico, particularmente del empresariado local, más allá de que no todos estén conformes con su gestión. Cuenta también con la conformidad del espectro político mundial y regional. Después de todo, no molesta demasiado a nadie.
La alternativa del cartismo, en caso de que decidan no instalar la reelección, es designar un candidato –como hicieron con el diputado Pedro Alliana para la presidencia de ANR– y darle el respaldo político y, sobre todo, económico. El elegido puede ser alguien con cierto recorrido político o un novato del nuevo rumbo con buena imagen. Esto último representaría un riesgo y una posibilidad de conflicto importante en el interior del Partido Colorado.
La posibilidad de que Cartes termine apoyando la candidatura del actual presidente del Senado, Mario Abdo Benítez, se aleja a ojos vista. Ocurre que aparentar ser independiente, tener un discurso de colorado auténtico y al mismo tiempo moderno, y también caerle bien al presidente, todo eso al mismo tiempo, es difícil para cualquiera. Sumado a eso, tener el respaldo político de algunos personajes que le caen muy mal al mandatario, hacen que lograr su “bendición” sea una empresa poco menos que imposible.
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Pero Cartes puede terminar siendo convencido, o convencerse sin ayuda, de que, si va a gastar dinero, es mejor hacerlo para su candidatura e impulsar entonces la reelección. Si se echa a andar la enmienda constitucional puede hacer como que no está involucrado y que es una cuestión de los políticos. Igual, tiene hasta el año próximo para confirmar su eventual candidatura. Tiempo suficiente para evaluar lo que más convenga.
De impulsar el cartismo la enmienda de la Constitución para posibilitar la reelección, afectará al mismo tiempo el tablero político del oficialismo y la oposición. Es lógico pensar que el expresidente Nicanor Duarte Frutos se lanzará al ruedo y también el expresidente Fernando Lugo. Seguramente, los estrategas del oficialismo consideran que contra ambos podrán, inmediatamente, poner en marcha toda la batería mediática comprada en los últimos tiempos, para neutralizarlos. A Nicanor, además, lo podrán acosar con los casos judiciales que, de hecho, ya asomaron semanas atrás.
El panorama de la oposición depende también de quien resulte triunfante en la interna liberal. Referentes de izquierda consideran que sería más sencillo llegar a un acuerdo con el grupo liderado por el senador Blas Llano antes que con Efraín Alegre. No obstante, el PLRA ha demostrado en varias ocasiones que nunca se sabe con ellos.
Las especulaciones sobre eventuales alianzas entre sectores colorados y grupos de izquierda o concretamente de Abdo Benítez con Lugo, como lanzan medios cercanos al cartismo, parecen más bien parte de una guerra de nervios o intentos anticipados de desprestigio ante los puristas de uno y otro sector.
Aunque se ha dicho que “en política todo puede pasar”, hay ciertos mejunjes y/o acuerdos políticos que ni siquiera en Paraguay tienen visos de realidad.
mcaceres@abc.com.py